¿Retorna EEUU a una economía de guerra?



Para el año fiscal 2002-2003, el gobierno del presidente George W. Bush ha inyectado un incremento de 48 mil millones de dólares al presupuesto federal de defensa de los Estados Unidos, el cual quedará ahora constituido por la astronómica suma de 379 mil millones de dólares.

Si multiplicáramos esa cantidad de dinero por diecisiete, para establecer su valor aproximado en pesos dominicanos, encontraríamos que excedería los seis trillones de pesos, cantidad que sobrepasa por mucho, aún con el ajuste por inflación, la suma de todos los presupuestos anuales de nuestro país desde que se fundara la República a mediados de siglo XIX hasta nuestros días.

Pero, de igual manera, ese presupuesto de gasto militar de los Estados Unidos, equivale a la suma de los presupuestos de defensa de los quince países más poderosos de la Tierra que siguen en línea a la gran nación del Norte.

Es posible que alguien considere que ese abrupto incremento de un 14 por ciento en el presupuesto militar norteamericano sea una lógica reacción a los ataques terroristas del 11 de septiembre del año pasado, y no cabe dudar que entre una cosa y otra haya una íntima conexión.

Sin embargo, la idea o el criterio de aumentar el gasto militar norteamericano antecede la ocurrencia de los hechos terroristas. En plena campaña electoral, el entonces candidato George W. Bush prometió revisar el presupuesto de defensa de su país, y luego, al asumir su mandato, convirtió la construcción de un sistema de defensa de mísiles, en una prioridad de su gobierno.

El retorno a una economía de guerra en los Estados Unidos se ha producido al agotarse el más largo ciclo de expansión económica experimentado por ese país en toda su historia.

En efecto, la década de los noventa, la Era de Clinton, fue un período de bonanza y prosperidad, y lo fue, entre otras razones, porque representó el tránsito de una economía basada en el gasto militar a una nueva economía o economía digital, fundamentada en la colocación en el mercado, para fines de consumo masivo, de los nuevos productos elaborados a partir de nuevas tecnologías.

Con anterioridad, los Estados Unidos habían experimentado otros períodos de crecimiento y bienestar. Por ejemplo, la etapa posterior a la Segunda Guerra Mundial, desde 1945 hasta 1967, salvo ligeros momentos de recesión, se distinguió también por ser un período de boom económico.

A partir de los años setenta, sin embargo, empezó a evidenciarse una severa crisis económica en los Estados Unidos, y llegó a entenderse que la razón básica de esa crisis radicaba en el excesivo gasto militar en que se incurría como resultado de las tensiones suscitadas por la Guerra Fría con la otra gran superpotencia de la época: la Unión Soviética.

Fueron numerosos los análisis y vaticinios que se hicieron durante las décadas de los setenta y los ochenta sobre el virtual desplome de los Estados Unidos y del sistema capitalista en general, como consecuencia de la incapacidad financiera para continuar sosteniendo una economía sustentada en el gasto militar.

Al final, contrario a las predicciones que se hacían, la que se desmoronó fue la Unión Soviética. Pero las causas que la llevaron a su derrumbe eran las mismas que se esgrimían para externar preocupación sobre el futuro económico de los Estados Unidos: el excesivo gasto militar.

La suerte de la gran nación norteamericana es que pudo, durante los años noventa, al tiempo de disminuir los gastos bélicos, transferir a la población civil diversos bienes y servicios que originalmente habían sido concebidos para el sector militar, generándose, de esa manera, un cambio en la naturaleza u orientación del conjunto de su economía.

Pero ahora, cuando el ciclo expansivo de la economía digital experimenta por vez primera una etapa normal de declive, la administración republicana ha vuelto a resucitar la economía de guerra como fórmula para la reactivación del crecimiento y la expansión, al colocar el gasto militar al nivel de la época de la Guerra Fría.

Independientemente de las necesidades de seguridad que hoy confrontan los Estados Unidos, las cuales son por demás legítimas frente a las amenazas del terrorismo, constituye un grave error hacer depender la marcha de la economía de una especie de keynesianismo militar que ya en el pasado demostró sus peligros y debilidades.

Al fin y al cabo, la carrera armamentista del período de la Guerra Fría entre los Estados Unidos y la Unión Soviética fue bautizada con un nombre muy original: la destrucción mutua asegurada.

Que no se repita la historia.