Discurso ante la Asamblea Nacional el 27 de Febrero del 2006



Honorable Señor Presidente de la Asamblea Nacional, Lic. Andrés Bautista

Honorable Señor Presidente de la Cámara de Diputados, Lic. Alfredo Pacheco

Honorable Señor Vice-presidente de la República, Dr. Rafael Alburquerque

Honorable Señor Presidente de la Suprema Corte de Justicia, Dr. Jorge Subero Isa

Honorable Señor Presidente de la Junta Central Electoral, Dr. Luis Arias Núñez

Honorables Miembros de la Asamblea Nacional

Señores Secretarios de Estado

Monseñor Timothy Broglio, Nuncio de Su Santidad, Benedicto XVI

Señores Miembros del Cuerpo Diplomático y Consular

Autoridades Civiles y Militares

Invitados Especiales

Señoras y Señores:

Con el discurrir del tiempo, cuando los conflictos actuales se hayan disipado y las pasiones estén desvanecidas, el año 2005 será verdaderamente reconocido en la historia nacional como el Año de la Recuperación.

En el día de hoy podemos congratularnos por haber logrado lo que en algún momento parecía una mera ilusión, una utopía inalcanzable.

Con el trabajo y el sacrificio de todos los sectores de la vida nacional hemos vencido inmensos obstáculos para relanzar a nuestro país por la senda del progreso y la prosperidad.

Desde este solemne lugar y en esta magna ocasión en que celebramos un nuevo aniversario de nuestra Independencia, permítanme extender mi más sincero reconocimiento a todos nuestros conciudadanos por haber realizado esta obra titánica, que sólo puede ejecutarse cuando existe un verdadero compromiso con la causa sagrada de la Patria.

Nunca, en ningún momento de nuestro discurrir histórico, el pueblo dominicano se ha sentido intimidado por la magnitud de los desafíos a que ha tenido que enfrentarse; y siempre, en todo caso, ha salido de cada episodio con más brío, más ímpetu y mayor energía.

Una vez más, en el 2005, lo logramos, y como resultado de nuestro trabajo y de nuestra unidad como nación, autoridades de prestigio mundial y organismos internacionales se han expresado en términos encomiables sobre nuestro país.

Así, por ejemplo, en más de una ocasión, don Enrique Iglesias, ex director del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), ha considerado que la rápida reactivación de la economía dominicana es un fenómeno inédito y asombroso, que le ha dejado en la perplejidad, pues según él, no encuentra explicación en los conceptos convencionales de los manuales de economía.

De igual manera se ha expresado la prestigiosa revista, Latín Finance, la cual, en su edición del mes de octubre del 2005, se refiere a la experiencia dominicana en los términos más elogiosos, indicando que ha sido posible por lo que califica como un “toque de magia.”

Por su parte, Agustín Carstens, encargado del programa del Fondo Monetario Internacional con nuestro país, en una carta que envía a mi persona, fechada 10 de febrero del presente año, indica lo que sigue:

“Cumplido un año de la aprobación del Acuerdo Stand-By por parte del Directorio Ejecutivo del Fondo Monetario Internacional, me complace extenderle mi felicitación por el exitoso resultado de las políticas económicas implementadas por su gobierno.

“En efecto, continúa diciendo el doctor Carstens, he observado con agrado que la implementación de políticas fiscales y monetarias prudentes ha tenido como resultado alejar el fantasma de la cesación de pagos internacionales y restaurar la confianza de los agentes económicos, logrando a la vez una dramática reducción de la inflación y una vigorosa recuperación.”

Al iniciarse el año 2005, el Fondo Monetario Internacional había pronosticado que tendríamos un crecimiento del producto interno bruto de 2.5 por ciento. Luego, ese pronóstico sería sustituido por 3.5%; después, por 4.5%; más adelante, por 6%; posteriormente, por 7%. Finalmente, terminamos, al igual que en la segunda mitad de los años noventa, con el más alto nivel de crecimiento económico de toda América Latina, de 9.3 por ciento.

En el año 2004, el crecimiento de nuestra economía fue de apenas 2.0 por ciento, de manera que haber sobrepasado el 9 por ciento en el 2005 no ha sido sólo sorpresivo, sino dramático y espectacular.

En el año 2004, la producción de bienes y servicios de la economía dominicana, valorada en dólares norteamericanos, fue cerca de 19 mil millones.

En cambio, en el 2005, alcanzó una suma superior a los 29 mil millones de dólares, lo cual representa un incremento de 55 por ciento y la mayor cantidad generada en términos de riqueza nacional de todos los tiempos.

De conformidad con las informaciones del Banco Central, todas las actividades que conforman el producto interno bruto, con excepción de minería, registraron un comportamiento positivo, cambiando, en algunos casos, la tendencia negativa registrada en el 2004.

El turismo creció en 7.6 por ciento. El número de visitantes llegó a 3. 7 millones de personas, la mayor cantidad que haya llegado jamás a nuestro país. Esto generó para nuestra economía un ingreso superior a los 3 mil 527 millones de dólares.

Por su parte, el sector agropecuario creció en 7.2 por ciento, un avance extraordinario en comparación con los años 2003 y 2004, cuando se registró una disminución de la producción agropecuaria de 2.6 por ciento.

En el año 2005, el sector agropecuario desarrolló una amplia gama de acciones, entre las cuales cabe destacar la ejecución del programa de recuperación de la producción de alimentos básicos (REPROABA), con la siembra de 1 millón 400 mil tareas de 17 cultivos; la aplicación del programa de pignoración de arroz, apoyado con más de 3 mil 500 millones de pesos provenientes de la banca comercial, contribuyó grandemente a garantizar la rentabilidad de los productores y precios razonables a los consumidores; el inicio del programa de control y erradicación de la peste porcina clásica cuya meta es declarar al país libre de esta enfermedad y poder exportar productos cárnicos a los mercados internacionales; y la creación de la Comisión Rectora de la Reforma y Modernización del Sector Agropecuario, con el objetivo de mejorar la competitividad, la equidad y la sostenibilidad.

Por su parte, el sector manufactura creció 5.4 por ciento. El comercio, una de las actividades económicas de mayor dinamismo, aumentó en 19.8 por ciento. El transporte registró el crecimiento de 10.1 por ciento y comunicaciones un excepcional 26.8 por ciento.

El sector de la construcción, que desde el 2003 experimentaba una tendencia negativa, emergió con un crecimiento de 6.2 por ciento.

Más aún, durante el último trimestre del año, se disparó, de manera impresionante, con un crecimiento de 26.4 por ciento.

Para lograr este sensacional aumento de actividad en el área de construcción, el factor determinante fue la baja de los precios de materiales de construcción, como cemento, varillas y otros, al igual que la disminución en las tasas de interés para el sector, que fue de un 8 por ciento.

En el año que acaba de transcurrir, la expansión real del consumo privado fue de 16.9 por ciento. La inflación sólo fue de 7.4 por ciento, lo cual representa una baja estrepitosa con relación al 28,7 por ciento del año 2004.

La tasa de cambio del peso con relación al dólar norteamericano se mantuvo estable, oscilando en una banda entre 30.40 y 33.40 pesos por dólar.

A nuestra llegada al gobierno, las reservas internacionales brutas del Banco Central daban nada más para dos semanas de importaciones nacionales. Al finalizar el año 2005, llegaron a ser suficientes para cubrir tres meses.

En cuanto a las reservas internacionales netas, terminaron el año pasado en 859 millones de dólares, lo cual supera significativamente la meta de los dos años del programa con el FMI de 650 millones de dólares.

La tasa de interés de los préstamos bancarios pasó de 32 por ciento en diciembre del 2004 a 21 por ciento en diciembre del 2005.

Esa significativa reducción de la tasa de interés propició una expansión de la cartera de la banca comercial que aumentó en alrededor de 24 mil millones de pesos con relación al 2004.

En el 2005, por primera vez desde el 2000, el desempleo disminuyó en la economía dominicana. Se crearon alrededor de 100 mil nuevos empleos, y es meta de nuestro gobierno que para el 2008 se hayan creado quinientos mil nuevos empleos en la República Dominicana.

Todo cuanto hemos señalado aquí es de fácil comprobación en la vida cotidiana del pueblo dominicano. Para mayor ilustración nos permitimos presentar algunos casos.

Las importaciones de vehículos de motor pasaron de 407 millones de dólares en el 2004 a 956 millones en el 2005.

El año pasado se registraron casi 34 mil vehículos privados, lo que superó en un 167 por ciento la cantidad registrada en el 2004.

De igual manera, en el 2005 se registraron 16 mil vehículos de carga, un incremento de un 132 por ciento con relación al año anterior.

El número de autobuses privados pasó de 2 mil 100 unidades en el 2004 a 6 mil 40 unidades en el 2005, para un crecimiento de un 188 por ciento.

El número de motocicletas registradas en el 2005 fue de más de 79 mil, una superación de un 141 por ciento con respecto al 2004.

En fin, señoras y señores, lo que podemos decir es que nunca antes se habían vendido tantos vehículos en un solo año en toda la historia de la República Dominicana.

Pero la historia no termina ahí.

Las importaciones de electrodomésticos se incrementaron en un 27 por ciento; las de comestibles en un 18 por ciento, y las de maquinarias y equipos en un 21 por ciento.

El consumo de carne de pollo se incrementó en un 26 por ciento, al pasar de 11.5 millones de pollos en el 2004, a 14.5 millones en el 2005.

Por su parte, el consumo de huevos se incrementó en un 39 por ciento y la leche en un 13 por ciento.

El consumo de galletas se incrementó en un 14 por ciento; el de pastas en un 13 por ciento y los aceites comestibles en un 10 por ciento.

Hasta la cerveza, para alegrar los espíritus, experimentó un aumento de un 16 por ciento.

Ahora bien, para volver a transitar por la senda de la estabilidad y el crecimiento de nuestra economía, ha sido imprescindible la aplicación de un fuerte ajuste fiscal, lo que pone de manifiesto el compromiso del gobierno con un manejo prudente de las finanzas públicas.

En el 2003 y el 2004, el gobierno gastó cada año entre 27 y 28 mil millones de pesos por encima de sus ingresos con lo cual se aumentó, de manera considerable, la deuda pública.

Al terminar el 2005, el déficit del sector público no ha sobrepasado los 6 mil millones de pesos, que fue nuestro compromiso con el FMI.

El ajuste fiscal que el gobierno llevó a cabo el año pasado representó un 2.9 por ciento del PIB, equivalente a unos 25 mil millones de pesos.

Ese importante ajuste del gobierno fue acompañado de una reducción del déficit cuasi fiscal del Banco Central que pasó de 31 mil 176 millones en 2004 a 26 mil 90 millones en el 2005, lo que representa una reducción de 5 mil millones de pesos.

De lo previamente explicado se llega a la conclusión de que durante el primer año efectivo de esta administración, el déficit del sector público consolidado pasó de representar el 7.6 por ciento del PIB en el 2004, a 3.6 por ciento del PIB en el 2005.

Eso representa una reducción de más de un 50 por ciento del déficit en tan solo un año, y prueba la eficiencia y el cuidado con que este gobierno ha manejado las finanzas públicas.

Un componente importante del deterioro fiscal del país, observado en los años recientes, lo constituyó el proceso de endeudamiento público externo.

A finales del 2004, la deuda externa dominicana alcanzó 7 mil 25 millones de dólares, prácticamente el doble del monto de la deuda que dejamos en nuestro anterior gobierno, en el año 2000.

Ese nivel de endeudamiento era insostenible en términos fiscales y se convirtió en una de las razones esenciales que llevaron al país a tener que reestructurar sus deudas con los acreedores privados y bilaterales.

El servicio de la deuda pública del Gobierno Central pasó de 477 millones de dólares en el 2001 a 2 mil 141 millones de dólares en el 2005.

Eso equivale a decir que en tan solo cuatro años el pago del servicio de la deuda pública dominicana se multiplicó por más de cuatro veces.

Es esa magnitud del servicio de la deuda en el 2005 lo que determina por si solo la razón por la cual el gobierno tuvo que proceder a la reestructuración de la deuda externa.

Advertimos que si ese proceso de reestructuración no hubiese sido llevado a cabo exitosamente, la República Dominicana habría tenido que pagar durante este año 2006, por servicio de la deuda, 2 mil 400 millones de dólares, o lo que es igual, 79 mil 200 millones de pesos, a una tasa de 33 pesos por dólar.

La reestructuración de la deuda externa dominicana fue un proceso de negociación difícil y complejo, el cual incluyó la extensión del vencimiento de los bonos soberanos, reestructuración de la deuda con la banca comercial internacional y con el Club de París.

El vencimiento de los bonos soberanos emitidos en el 2001 y en el 2003 fue extendido por cinco años, es decir, los bonos que vencían este año fueron extendidos hasta el 2011 y los que vencen en el 2013 se extendieron hasta el 2018.

De igual forma fueron reestructurados 148 millones de dólares con la banca comercial internacional, con un período de gracia de dos años y pagos del principal empezando en el 2007 hasta el 2010.

También se reestructuró la deuda con el Club de París por un monto de 193 millones de dólares en el 2004.

La comunidad financiera internacional ha reconocido públicamente que el proceso de reestructuración de la deuda externa dominicana es un buen ejemplo de lo que significa una renegociación de los pasivos soberanos de un país, favorable a los intereses de éste y viable para los acreedores.

Pero con todo y la reestructuración, el país tendrá que pagar este año por servicio de la deuda mil 765 millones de dólares, esto es, aproximadamente 63 mil millones de pesos.

Para que se tenga una idea del impacto de lo que esto representa, es preciso indicar que ese monto es superior a la totalidad de los recursos asignados a nueve Secretarias de Estado juntas: educación, salud, medio ambiente, agricultura, obras públicas, turismo, industria y comercio, mujer y juventud.

¿Imagínense todo cuanto pudiese hacerse en educación o en salud con tan solo una fracción de esos recursos? ¿Cuántas escuelas u hospitales podrían construirse? ¿Cuántos acueductos, cuantos caminos vecinales, cuantas carreteras, puentes o viviendas?

En verdad, si solo por un año pudiésemos invertir en obras de infraestructura y en el área social lo que debemos pagar por concepto de la deuda externa, la República Dominicana alcanzaría una transformación radical.

Señores Miembros de la Asamblea Nacional:

Luego de superar los principales escollos que afectaban el buen desempeño de nuestra economía, de lo que se trata ahora es de consolidar los logros y enfrentar con visión e inteligencia los nuevos retos que se ciernen en el horizonte.

Uno de esos retos es el relacionado con la entrada en vigencia del acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos y los países de Centroamérica, conocido como DR-CAFTA.

Para nosotros era una cuestión de supervivencia formar parte de ese acuerdo o tratado sobre relaciones comerciales preferenciales.

En efecto, durante más de dos décadas, el éxito alcanzado por las zonas francas industriales de la República Dominicana, se había debido, fundamentalmente, a que en virtud del programa de Iniciativa para la Cuenca del Caribe y sus continuas reformas, nuestros productos podían acceder al mercado de los Estados Unidos en condiciones arancelarias preferenciales.

Lo desafortunado de ese programa, que implicaba una relación de libre comercio de carácter unilateral, pues era sólo de República Dominicana hacia los Estados Unidos, y no viceversa, es que tenía un límite en el tiempo. Se había establecido su culminación a partir del año 2008.

El dilema que se nos planteaba era el qué hacer a partir del momento en que perdiésemos el acceso privilegiado al más poderoso e influyente mercado del mundo.

Por otro lado, los países de Centroamérica, afectados por igual medida que República Dominicana, empezaron a explorar la posibilidad de garantizar un acceso permanente al mercado estadounidense sobre la base de suscribir un acuerdo bilateral de libre comercio.

Comprendimos a tiempo la importancia de la acción de las hermanas naciones centroamericanas y terminamos formando parte del mismo acuerdo o tratado.

Pero esa situación de entrar en un acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos se hizo más urgente a partir del 1 de enero del 2005, cuando llegó a su término el Acuerdo Multifibras que establecía un régimen de cuotas a las importaciones de textiles y prendas de vestir al mercado norteamericano.

Con la eliminación del sistema de cuotas, China, que tenía costes laborales y de producción más bajos que sus competidores en el mundo, podía incrementar la exportación de ese tipo de productos a los Estados Unidos, afectando de esa manera el sector de zonas francas de la República Dominicana y de Centroamérica.

Como consecuencia de estos cambios en la economía global, las zonas francas de nuestro país perdieron durante el año 2005 por encima de 30 mil empleos directos, teniendo algunas empresas que cerrar definitivamente sus puertas, debido a la perdida de competitividad.

No obstante, se había previsto que la única manera de revertir esa situación creada por el incremento de las exportaciones chinas al mercado norteamericano, era, precisamente, promoviendo la entrada de República Dominicana al acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos.

Así lo hemos hecho, y ahora sólo esperamos que su entrada en aplicación a partir de julio de este año contribuya a incentivar nuevas inversiones, a incrementar nuestras exportaciones y a generar nuevos empleos.

Naturalmente, el DR-CAFTA por sí solo no producirá todos los cambios esperados y anhelados en la República Dominicana.

Para sacarle verdadero provecho a ese acuerdo comercial internacional, en nuestro país tenemos que ser efectivos en el diseño y aplicación de una estrategia nacional de competitividad.

Ya tenemos un Consejo Nacional de Competitividad que trabaja activamente en la elaboración de esa estrategia que representa la visión de futuro de la República Dominicana frente a la apertura y la globalización.

Partimos de un criterio de competitividad de los sectores productivos nacionales mediante la creación de áreas o clusters estratégicos, como ahora se les llama.

Estos incluyen, en primer lugar, la convergencia de la industria doméstica y las zonas francas, las cuales han estado separadas por una situación de dualidad de políticas públicas; en segundo lugar, los clusters de la industria manufacturera, que incluye, textiles y confecciones, muebles, calzados y joyería; en tercer lugar, los clusters agroindustriales, que son tabaco y cigarros, frutícola y café; en cuarto lugar, el cluster turístico; en quinto, la construcción y la vivienda; en sexto, el comercio; en séptimo, la política de fomento a las pequeñas, medianas y microempresas; en octavo lugar, el parque cibernético y el desarrollo de lo que ahora se llama, la mentefactura, que son los centros de innovación y de capital intelectual.

En ese último estarían el cluster farmacéutico, el de electrónica, el de dispositivos médicos, el de integradores de software y los call centres.

Como muy bien lo comprendieron los consultores internacionales, Michael Fairbanks y Stace Lindsay, en su texto, Arando en el Mar, Fuentes Ocultas de la Creación de Riqueza en los Países en Desarrollo, la efectiva aplicación de una estrategia de competitividad requiere de un profundo cambio de mentalidad de los actores y un alto sentido de responsabilidad.

Al examinar las razones por las cuales los bolsos de mano o carteras de cuero producidas en Colombia no encontraban buenas ventas en los Estados Unidos, estos analistas descubrieron de parte de los administradores de los centros comerciales que la causa radicaba en la deficiente calidad del cuero.

De esa manera se dirigieron donde los fabricantes, para indagar los motivos por los cuales el cuero era deficiente.

“No es culpa nuestra”, dijeron éstos. Es culpa de quienes curten las pieles. Pregúntenles a ellos.”

Y efectivamente, eso hicieron. Pero se encontraron con la misma respuesta. Los industriales curtidores de pieles expresaron. “No es culpa nuestra. Hacemos una excelente labor al curtir las pieles, pero Uds. deberían saber en qué condiciones llegaron a nosotros. Es culpa de los mataderos. Esa gente no sabe matar una vaca para preservar la piel; lo único que les interesa es la carne.”

Pero en los mataderos respondieron de igual manera. “No es culpa nuestra, es culpa de los ganaderos. En el campo hay tantos ladrones que los dueños de ganado se ven obligados a marcar sus reses varias veces para asegurar que no se las roben. Ya se imaginarán ustedes lo que tantas marcas hacen a la piel del animal”, aseguraron.

Los entrevistadores, ya perplejos, empacaron sus maletas y se fueron al campo a conversar con los ganaderos. Allí su sorpresa fue aún mayor cuando éstos manifestaron: “No es culpa nuestra. Es culpa de la vaca. Las vacas se rascan constantemente contra el alambre de púas, lastimándose la piel y dificultando la obtención de un producto de calidad.

El enigma había quedado resuelto. La falta de calidad de las carteras de cuero colombianas se debía a que las vacas eran estúpidas.

No culpemos a las vacas de nuestras propias deficiencias. En una adecuada estrategia nacional de competitividad se encuentra la base del futuro desarrollo de la República Dominicana.

De igual manera, al tiempo que consolidamos nuestras exportaciones hacia el mercado de los Estados Unidos, tenemos que diversificar, tanto nuestra oferta exportable como nuestros mercados.

La República Dominicana no puede aislarse del mundo. Nuestra política exterior tiene que ser activa y dinámica, como efectivamente lo viene siendo.

Definimos nuestra política exterior en base a los principios de la Carta de las Naciones Unidas y de la Organización de Estados Americanos. Fomentamos los valores de la paz, la solución armónica de las controversias y el multilateralismo.

Sostenemos magníficas relaciones con los Estados Unidos y con nuestros vecinos de Centroamérica y el Caribe.

Nuestros vínculos con las hermanas naciones de Sudamérica son muy estrechos. Tenemos una notable presencia en España, Italia, Francia, el Reino Unido, Suiza, Holanda, Bélgica y la Unión Europea, en sentido general. Igual ocurre con los países asiáticos y del Medio Oriente, con los cuales tenemos relaciones diplomáticas.

Ahora estamos abriendo embajadas en Rusia, en los Emiratos Árabes, la India y próximamente en África del Sur, para promover inversiones, sobre todo, en el área energética, impulsar el comercio y sostener intercambios culturales.

Con nuestro vecino más próximo, Haití, esperamos con el nuevo gobierno del presidente electo René Préval, sostener una relación especial que nos permita avanzar en una agenda común sobre los temas de migración, seguridad fronteriza, comercio, salud pública, intercambios educativos y culturales y protección del medio ambiente, entre otros.

Como resultado de nuestra política exterior, hemos logrado suscribir acuerdos con la Corporación Andina de Fomento y el Banco Centroaméricano de Integración, que nos permitirá acceder, en condiciones blandas, a nuevas fuentes de financiación para futuros proyectos de desarrollo.

La bandera de la República Dominicana ondea por lo alto en el pabellón de las relaciones internacionales; y lo más importante es que en todas partes del mundo se nos mira con respeto, con afecto y con admiración.

Otros dos retos que tenemos por delante se refieren al alza de los precios del petróleo en los mercados internacionales y a la situación del sector eléctrico nacional.

Como consecuencia del primero, la República Dominicana tuvo que pagar en el 2005 más de 900 millones de dólares adicionales por concepto de factura petrolera.

En la actualidad, la importación de petróleo y sus derivados representa cerca del 34 por ciento de las importaciones nacionales de bienes. Con anterioridad al shock petrolero, representaba cerca del 18 por ciento.

Debido a esa escalada alcista del precio del petróleo, el consumidor dominicano ha sido severamente afectado, tanto en el precio de los combustibles que se usan para el transporte, como en el de los que se emplean para la generación eléctrica.

El concepto predominante en los círculos financieros internacionales es de que el precio del petróleo se mantendrá relativamente alto. La razón se debe, fundamentalmente, a un incremento de la demanda por parte de países como China y la India, a la falta de suficiente inversión en la instalación de nuevas refinerías, a la especulación que se produce en las bolsas de valores con contratos de compra a futuro, a la creciente falta de seguridad en las vías de transporte del llamado oro negro y a la situación conflictiva de países productores y exportadores de petróleo como Irak, Irán y Nigeria.

Al igual que otras naciones del mundo, la República Dominicana ha iniciado el diseño de una estrategia para ser menos dependiente de los combustibles fósiles, y más orientada hacia la promoción de fuentes alternas y renovables de energía, así como a nuevos sistemas de transporte rápido masivo.

Esa, entre otras razones, es lo que explica el interés del actual gobierno en realizar la construcción de la primera línea del Metro de Santo Domingo.

El Metro de Santo Domingo constituye la obra de mayor impacto en la modernización de la República Dominicana. Es la mejor herramienta, precisamente, para hacernos menos dependientes de los combustibles fósiles, para ahorrar divisas, para disminuir la emisión de dióxido de carbono y para garantizar un transporte digno y justo a los sectores más empobrecidos de la población.

Reconozco que en todas las épocas y en distintas partes del mundo hay siempre personas que en principio se oponen a todo lo que signifique avance y progreso.

Hasta en Francia, figuras ilustres, como los célebres escritores Guy de Maupassant y Alejandro Dumas hijo, firmaron la protesta de los artistas por la construcción en París de la Torre Eiffel.

He aquí, brevemente, lo que proclamaban:

“Escritores, escultores, arquitectos, pintores y aficionados apasionados por la belleza hasta aquí intacta de París, queremos protestar con todas nuestras fuerzas, con toda nuestra indignación, en nombre del gusto francés mal apreciado, en nombre del arte y de la historia franceses amenazados, contra la erección, en pleno corazón de nuestra capital, de la inútil y monstruosa Torre Eiffel… La Torre Eiffel es, no lo duden, la deshonra de París. Todos lo sienten, todos lo dicen, todos se afligen profundamente, y no somos más que un débil eco de la opinión universal, tan legítimamente alarmada. Por último, cuando los extranjeros vengan a visitarnos, exclamarán sorprendidos: ¿Cómo? ¿Este es el horror que los franceses han encontrado para darnos una idea del gusto del que tanto presumen?”

Hoy, la Torre Eiffel es el gran símbolo de París.

Retomando el tema de la energía eléctrica, cabe decir que para el año 2005, el gobierno había programado otorgar a ese sector, en calidad de subsidio, 350 millones de dólares.

Hasta el mes de agosto, esa meta se había cumplido, tal como se había previsto. Pero a partir de septiembre, al dispararse el precio del petróleo, el gobierno tuvo que pagar 157 millones de dólares más de lo que originalmente se había calculado.

Al final, en lugar de 350 millones de dólares, el gobierno tuvo que entregar 505 millones de dólares. Esa cantidad, traducida a pesos, dio como resultado la cantidad de 15 mil 594 millones de pesos, y si a eso se le suman 2 mil 164 millones que fueron destinados para los no cortables y 4 mil 491 millones de pesos más del subsidio al gas propano, se llega a la fabulosa suma de 22 mil 249 millones de pesos.

Afortunadamente, el programa PetroCaribe, que hemos suscrito con el gobierno de la hermana República Bolivariana de Venezuela, nos ha permitido mitigar el impacto del alza del precio de los combustibles en el manejo de la economía nacional.

En virtud de ese programa, la República Dominicana recibe un crédito a largo plazo y a tasas de interés blandas, por el 40 por ciento de las importaciones de petróleo que nos vienen de Venezuela.

La crisis del sector eléctrico nacional se expresa en un déficit proyectado de 500 millones de dólares para el año 2006, asumiendo un nivel medio de suministro equivalente al 80 por ciento de la demanda.

Adicionalmente al déficit corriente se contempla realizar inversiones, por un monto de 111 millones de dólares en las áreas de transmisión y generación para garantizar la calidad del suministro y la confiabilidad del mismo y asegurar el cumplimiento de los planes de mediano plazo.

Para alcanzar un nivel financiero más sustentable del sector eléctrico, la estrategia fundamental descansa en la aplicación de una agresiva política de incremento de ingresos por parte de las empresas distribuidoras a través de una reducción de las pérdidas del sector e incremento en los niveles de cobranza. En optimizar los gastos operacionales. En procurar precios de compra de energía más razonables y en mejorar la calidad del servicio a los consumidores.

En el sector de transmisión, de lo que se trata es de mantener los costos operativos y en priorizar un programa de inversiones, como hemos señalado, para fortalecer y reducir las pérdidas del sistema.

En el sector de generación, el criterio es de optimizar los costos de generación de energía. En continuar la ejecución de los proyectos hidroeléctricos en desarrollo. En contratar y lanzar nuevos proyectos, incluyendo las centrales a carbón, plantas hidroeléctricas y renovables, y renegociar los contratos de compra de energía.

En lo que respecta a la ejecución de los proyectos hidroeléctricos, hay en la actualidad 11 proyectos en la agenda, y en lo que atañe a las plantas de carbón, como resultado de una licitación pública internacional, realizada por la CDEEE, se está procediendo a instalar en territorio dominicano 1 mil 200 megavatios en unidades generadoras a carbón mineral.

Se trata de dos centrales de 600 megavatios cada una, integradas por dos unidades generadoras de 300 megavatios. Una central será instalada en Pepillo Salcedo, provincia de Montecristi, y la otra en Hatillo, provincia de Azua.

Con la instalación de la central de Pepillo Salcedo se resolverá en gran medida el déficit de capacidad instalada de la región Norte del país, mientras que la de Hatillo servirá para fortalecer el suministro de energía a la región Sur, incluyendo el Distrito Nacional.

Estas unidades generadoras llegarán al país mediante acuerdos de transformación de energía entre la CDEE y los inversionistas privados. En los indicados acuerdos se establece que los inversionistas privados construirán y operarán las unidades generadoras a su propio costo y riesgo.

En otras palabras, esos consorcios traerán al país más de mil doscientos millones de dólares para invertirlos en un período de aproximadamente tres años generando más de dos mil empleos directos en la fase de construcción.

Para un precio del carbón mineral de sesenta dólares la tonelada métrica, el precio de adquisición de la energía por parte de la CDEEE sería de aproximadamente cinco centavos de dólar por kilovatio-hora, incluyendo el costo de combustible y el pago al inversionista.

Cuando se compara el precio de adquisición de la energía con el precio que figura en los contratos del Acuerdo de Madrid, que al mes de diciembre del 2005 era de más de once centavos de dólar por kilovatio-hora, puede observarse una diferencia de seis centavos de dólar.

Eso quiere decir que si las unidades generadoras a carbón estuviesen operando al día de hoy, se podría vender la electricidad a las empresas distribuidoras a casi la mitad del precio a que venden las generadoras del Acuerdo de Madrid.

En definitiva, a pesar de que aún no hemos podido superar la crisis que durante varias décadas afecta al sector eléctrico nacional, podemos, sin embargo, albergar la esperanza de que haya luz al final del túnel.

Un cuarto desafío importante al que se enfrenta en estos momentos la sociedad dominicana es el de la ola de crímenes, drogadicción y actividades delictivas en sentido general.

El año pasado, la tasa de homicidios para todo el país, el cual se calcula por cada 100 mil habitantes, fue de 21.6.

Conforme a publicaciones del Centro de Estudios de Justicia de las Américas, órgano de la OEA, por encima de la República Dominicana, en tasa de homicidio, se encuentran Brasil, con 23; México, 29.1; Guatemala, 31.5; Venezuela, con 33.2; El Salvador, con 87.2 y Colombia con 102.

Para combatir el auge del crimen y la violencia, el actual gobierno creó el Plan de Seguridad Democrática, el cual consta de dos vertientes: Prevención y Seguridad, por un lado, que consiste en un programa de patrullaje policial y de investigación criminal dirigida por el Ministerio Público y al servicio del Poder Judicial; y, en segundo lugar, por el programa Barrio Seguro.

Barrio Seguro se inició desde agosto del pasado año en Capotillo, por ser éste el barrio de más alta tasa de delincuencia, violencia y homicidios. A principios de este año lo hemos extendido a doce barrios más del Distrito Nacional. Esos barrios son: Villas Agrícolas, La Zurza, Ensanche Espaillat, Ensanche Luperón, Simón Bolivar, Gualey, Los Guandules, Las Cañitas, La Ciénaga, 24 de Abril, 27 de Febrero y Guachupita.

En esos barrios, la tasa de homicidios supera la de treinta provincias por separado, con excepción, por supuesto, del propio Distrito Nacional y la provincia de Santo Domingo.

El programa de Barrio Seguro será extendido, próximamente, a trece barrios de la Ciudad Corazón, la bella Santiago, que son: Pekín, Cristo Rey, Yapur Dumit, La Yaguita de Pastor, Bella Vista, Los Cerros de Papatín, La Otra Banda, Cienfuegos, Mella I y II, Ensanche Bermúdez, Ensanche Espaillat y Gurabo.

En estos momentos, estamos en la fase final para una propuesta de programa de prevención y seguridad en la Zona Colonial, del Distrito Nacional, Boca Chica, Juan Dolio y Las Terrenas.

Desde que empezó a aplicarse el programa de Barrio Seguro, la tasa de homicidios en Capotillo ha descendido en forma dramática. En agosto fue de 0.3; en septiembre, 0; en octubre 0; en noviembre, 0.6; y en diciembre, 0.

Felicitamos al barrio de Capotillo por esos logros tan extraordinarios en tan poco tiempo y exhortamos a los demás barrios a seguir el ejemplo de Capotillo.

El programa Barrio Seguro requiere de la incorporación de las comunidades a las cuales se aplica y ello se hace a través de sus organizaciones comunitarias.

En los barrios intervenidos se trabaja todo lo que son las necesidades básicas en una comunidad, como son educación, salud, empleo, energía eléctrica, vivienda, cultura, deportes, atención a las familias, en fin, todo lo que significa vivir con dignidad y en forma civilizada.

Señores Legisladores. Distinguidas Personalidades:

Una estrategia integral de desarrollo sostenible requiere la adopción de políticas orientadas a fomentar las infraestructuras, proteger el medio ambiente y los recursos naturales, potenciar la formación de recursos humanos y fortalecer la institucionalidad de un Estado democrático de Derecho.

Con respecto al desarrollo de las infraestructuras, logramos en el 2005 y a principios de este año, terminar, entre otras, las siguientes obras:

El puente El Pintao, en la carretera El Seybo-Higuey; la carretera Las Yayas-Padre Las Casas; el puente Gurabo, en Santiago; el puente Helechal, en Nagua; la Biblioteca Central, el Aula Magna y el edificio de la Rectoría y Vice-Rectoría de la UASD; el edificio de la Suprema Corte de Justicia; el Centro Regional universitario de Santiago; las edificaciones en apoyo a los Juegos Nacionales de Monte Planta; la rehabilitación del Malecón de Puerto Plata; el puente sobre el río Yamasá; la carretera Puerto Plata-Gaspar Hernández; el puente sobre el río Congo; la prolongación de la Avenida 27 de Febrero; el elevado de Los Alcarrizos, en la Autopista Duarte; la remodelación del puente Juan Pablo Duarte; diversos proyectos habitacionales; la construcción de más de 1 mil nuevas aulas, y la reparación de más de 1 mil 500 adicionales; centros asistenciales de salud; asfaltado de calles, y cincuenta y cinco acueductos en distintas comunidades del país.

Pero, de igual manera, tenemos importantes proyectos en ejecución, como son la terminación del puente sobre el río Higuamo, en San Pedro de Macorís; la ampliación de la carretera San Cristóbal-Baní; la ampliación de la carretera San Pedro de Macorís-La Romana; la carretera Punta Cana-El Uvero; la ampliación del acueducto de la Línea Noroeste; el Acueducto de San Cristóbal; el Acueducto de San Francisco de Macorís; el Acueducto de Nagua; el Acueducto de Barahona, Bahoruco e Independencia; el acueducto múltiple Juan de Herrera, en San Juan de la Maguana; el de Bayaguana, en Monte Plata; el del Pozo y Los Limones, en María Trinidad Sánchez; el acueducto el Valiente, en La Caleta; el acueducto Boca Chica Norte y Sur; el acueducto de la Zona Oriental, para garantizar suministro de agua a la parte oriental de la ciudad de Santo Domingo; el alcantarillado de Boca Chica; más de mil viviendas distribuidas en La Vega, Monte Cristi, Monte Plata, San Juan de la Maguana, Elías Piña, Barahona, La Altagracia, Sánchez Ramírez, Duarte, Distrito Nacional y la provincia de Santo Domingo; más de 50 nuevas edificaciones escolares; el mejoramiento del sistema de riego Cambronal, en Neyba; el sistema de riego por goteo en Pedernales; la hidroeléctrica del Tetero en Padre Las Casas; la rehabilitación de las plantas de tratamiento de la Noriega, en Tamboril y Licey; la rehabilitación de las plantas de tratamiento de Rafey, y Cienfuegos; y la red de abastecimiento de agua potable de la Zona Sur de Santiago.

En la protección del medio ambiente y recursos naturales, ejecutamos varios proyectos, como el de control y vigilancia de recursos costeros y marinos; el programa de tolerancia cero con el delito ambiental; el de reforestación y control de incendios y el de gestión de las áreas protegidas.

En lo relativo a la política social, cabe indicar que a pesar de las fuertes medidas de restricción del gasto público, el 2005 representa el año de mayor inversión social en el país en la última década.

En el 2004, el gasto social fue de 58 mil millones de pesos. En el 2005, 76 mil millones de pesos, para un incremento de 31 por ciento.

La mayor parte de este aumento fue destinado a mejorar la calidad de los servicios de educación, salud, seguridad social y la red de protección social a través de programas como el de Solidaridad y Comer es Primero.

A pesar de la mejoría en los niveles de inversión a que acabo de hacer referencia, estamos conscientes de que la política social tradicional de la República Dominicana ha sido ineficiente e insuficiente.

Todavía el gasto público social, como porcentaje del PIB, es uno de los más bajos de América Latina.

Hay una situación de inequidad social que tenemos que superar. Hay débiles indicadores sociales, incompatibles con el nivel de crecimiento económico alcanzado durante los últimos 40 años. Hay un aumento de la pobreza debido a la reciente crisis por la que hemos tenido que atravesar.

Proponemos una nueva política social, fundamentada en principios de equidad, para apoyar a los hogares más pobres en el acceso a oportunidades similares a las que posee el resto de la población; eficiencia, que implica realizar reformas institucionales, legales y de procedimientos para mejorar el diseño, la ejecución y la supervisión de la política social; y consistencia, para relacionarla con los Objetivos de Desarrollo del Milenio, la protección de niños, niñas y adolescentes y el pleno disfrute de los Derechos Fundamentales del Hombre.

En educación, el gobierno destinó alrededor de 17 mil millones de pesos, 5 mil 126 millones de pesos adicionales al 2004, lo que constituye el mayor aumento del gasto en educación en tan sólo un año en el último cuarto de siglo.

Se distribuyeron más de diez millones de libros de texto. Se facilitó la adquisición de más de 20 mil computadoras a maestros y maestras. Se ejecutaron trece proyectos en el área de tecnología y sistemas de información. Se instaló el proyecto de Bibliotecas Digitales en 52 centros educativos. Se continuó la distribución de un millón 700 mil raciones diarias del desayuno escolar y se creó la Red Nacional de Alfabetización, con lo cual se espera la alfabetización de más de 200 mil personas adultas.

En el área de la cultura, se llevó a cabo la VIII Feria Internacional del Libro de Santo Domingo; la II Feria Regional del Libro, en Santiago; la creación de 210 talleres literarios en 22 provincias del país; el relanzamiento de la Orquesta Sinfónica Infantil y Juvenil; la realización de diversas jornadas teatrales a nivel nacional, y rindiendo tributo a la pujanza de la naciente industria cinematográfica en el país, apoyo decidido a todas las iniciativas que buscan el desarrollo del Séptimo Arte.

En salud el gobierno destinó alrededor de 4 mil millones de pesos más que en el 2004, en el que el presupuesto fue de tan sólo 9 mil 600 millones de pesos.

En este sector se ha podido lograr un sistema con muy alta cobertura de los principales servicios, lo cual se expresa en una atención prenatal del 98 por ciento de los embarazos. El parto institucional es de 98 por ciento. El 76 por ciento de la población tiene los servicios de salud a menos de dos kilómetros de su hogar; y además, ya en el país se ha erradicado por completo el polio y el sarampión.

Hay, sin embargo, en el área de la salud pública un problema de calidad que debe ser enfrentado con urgencia y eficacia.

A pesar del altísimo número de partos en los hospitales, la mortalidad materno-infantil se mantiene muy alta; y lo que es más grave, el 85 por ciento de esas muertes pueden evitarse.

La tuberculosis también es alta y el VIH-SIDA afecta a la población joven y trabajadora. Hacemos grandes esfuerzos por la eliminación definitiva del dengue y la malaria.

A todos los involucrados en la prestación de servicios en el área de la salud, les lanzo este reto: ¡Humanicemos el servicio de salud! ¡Evitemos las muertes que pueden ser evitadas! ¡Preservemos la vida en la República Dominicana!

Sobre la seguridad social, he sostenido recientemente encuentros con los distintos actores vinculados a este sector, con la finalidad de convocar a un gran encuentro nacional que permita solucionar las discrepancias existentes sobre el costo del plan básico de salud, los honorarios médicos, la situación del Instituto Dominicano de Seguros Sociales (IDSS), y la entrada en funcionamiento del seguro familiar de salud.

La seguridad social es un derecho sagrado de los trabajadores, de sus familias y de la comunidad en sentido general.

¡Hagamos de ella una realidad en la República Dominicana!

Señoras y Señores:

En estos momentos, la sociedad dominicana se encuentra inmersa en un proceso de profundas transformaciones.

Como hemos podido apreciar, aún en un contexto de crisis nacional y de intensa vulnerabilidad ante las fluctuaciones de carácter internacional, la República Dominicana ha emprendido un conjunto de iniciativas que no sólo le han permitido recuperar la estabilidad y el crecimiento de la economía, sino al mismo tiempo modificar, radicalmente, el funcionamiento de varias de sus instituciones.

La economía dominicana es ahora más abierta e integrada. Los recursos fiscales dependerán cada vez menos de las recaudaciones aduanales para descansar cada vez más en impuestos internos.

Toda la estructura administrativa y financiera del Estado se encuentra, en estos momentos, estremecida por la magnitud de los cambios que se ejecutan para su efectiva transformación en una estructura más ágil, más flexible, más eficiente y transparente.

Ya han sido aprobadas por este Honorable Congreso, las nuevas leyes de Tesorería Nacional y de Crédito Público. Se encuentran en procesos de análisis y discusión, los proyectos de Ley Orgánica del Presupuesto, del Sistema de Planificación e Inversión Pública, de Contraloría General y del Sistema Nacional de Control Interno, así como la nueva Ley Monetaria y Financiera.

La semana pasada, en un acto solemne en el Palacio Nacional, firmé el Decreto que crea el Reglamento para las compras y contrataciones de bienes, servicios, obras y concesiones del Estado, el cual deberá, en su momento, ser convertido en Ley por el Congreso Nacional.

La firma de ese Decreto constituye la reafirmación de la voluntad y el compromiso de esta administración de no desmayar en la lucha incansable contra el fenómeno de la corrupción.

La lucha contra la corrupción, que concebimos no como una persecución contra adversarios políticos, sino como una forma de adecentamiento de la vida pública, será reforzada como una de las prioridades de la actual gestión de gobierno.

Reconozco que aún tenemos grandes desafíos por delante, los cuales vamos a encarar con determinación y firmeza.

Tenemos el desafío de consolidar nuestra democracia, con partidos políticos desempeñando un rol de mediación y representación que genere confianza y credibilidad; con asociaciones empresariales, gremiales y sindicales alertas y responsables; con una sociedad civil vigorosa y dinámica; con una opinión pública diligente y prudente.

Vamos a trabajar para garantizar la continuidad de la estabilidad y el crecimiento de nuestra economía, a fin de que eso se convierta en la base del desarrollo sostenible que todos anhelamos.

Vamos a trabajar para disminuir la pobreza, la exclusión y la inequidad social.

Vamos a trabajar para fomentar una eficaz política de generación de empleos, especialmente entre los jóvenes y las mujeres, para que de esa manera el crecimiento se traduzca en bienestar social.

Vamos a hacer de la República Dominicana una tierra de esperanza para los que sueñan con un mundo mejor.

A lo largo del año pasado, nos hemos dedicado en cuerpo y alma a resucitar una economía deprimida, una sociedad moralmente erosionada y una nación dolida.

No hemos desaprovechado ni una sola hora del día para dedicarle todo el esfuerzo necesario. No hemos escatimado ni una sola oportunidad para escuchar las voces de todos los sectores de nuestra sociedad. No hemos perdido ni una ocasión para crear consensos, abrir caminos e infundir optimismo.

A un año de encontrarnos al mando de una nave que estuvo a punto de naufragar, tendimos las velas, activamos los motores y zarpamos de nuevo hacia el horizonte de un futuro promisorio.

Para comprometerse, con vida y bienes, en una acción de proclamación de independencia, en las condiciones en que se encontraba la parte Oriental de la isla de la Hispaniola en el año 1844, requería, para poder llevarla a cabo, de mucha fe, de mucha fuerza de convicción y de mucho patriotismo.

Todo eso fue, justamente, de lo que dispusieron Juan Pablo Duarte, Ramón Matías Mella y Francisco del Rosario Sánchez, entre otros, para cristalizar la hazaña que hoy hace posible que tengamos un himno que nos hace vibrar de emoción cuando escuchamos sus estrofas; una enseña tricolor que nos hace estremecer cuando la vemos flotar al viento; y una patria que llevamos en lo más recóndito de nuestros sentimientos, pues es esencia de nuestras vidas, lugar donde reposan nuestros antepasados y cuna de nuestros hijos.

El pueblo dominicano es un pueblo lleno de amor, de bondad y de nobleza, y un pueblo así estará siempre en condiciones de superar todos los obstáculos y vicisitudes que se le interpongan en el camino para la construcción de una sociedad más justa y más solidaria.

Asumamos nuestros retos con alegría e ilusión. Con entusiasmo y confianza. Con la fe siempre puesta en Dios.

Y como en los Juegos Nacionales de Monte Plata, aquí también podemos decir: ¡Arriba la Patria! ¡Viva la República Dominicana! ¡E’Pá lante que Vamos!

Muchas Gracias.