PROGRAMA DE GOBIERNO 2020-2024

Siete pilares para una nueva ola de transformaciones en la República Dominicana

Mensaje del Dr. Leonel Fernández

Fotografía del Dr. Leonel FernándezAl terminar la segunda década del siglo XXI, frente a un mundo en permanente transformación, República Dominicana se ve en la necesidad de repensar su futuro.

Ese mundo en permanente cambio ha ido también modificando la base conceptual y los criterios que con anterioridad habían servido de fundamento a su gran proceso de transformación en los últimos 40 años.

Así, luego de la culminación de la Segunda Guerra Mundial en 1945, el modelo económico predominante en los países desarrollados del mundo occidental fue el del Estado Benefactor, en base al cual el sector público desempeñaba un rol central en la dinámica del crecimiento económico.

Fue la época de la aplicación de las llamadas políticas keynesianas, en honor al connotado economista inglés, John Maynard Keynes, conocidas también como la de los 30 Gloriosos. Estas funcionaron adecuadamente durante tres décadas consecutivas, hasta que, a principios de los años 70, con la cuadruplicación de los precios del petróleo, empezaron a resquebrajarse.

Fue tan determinante la aplicación de estas políticas que en Estados Unidos se decía que no importaba si gobernaban los demócratas o los republicanos, pues ambos, desde los tiempos de Franklin Delano Roosevelt eran partidarios de las teorías keynesianas.

Al agotarse ese modelo de desarrollo económico, empezaron a surgir nuevas concepciones más inclinadas a ver en el mercado, en lugar del Estado, el verdadero motor del crecimiento económico y de la prosperidad.

Así surgió el modelo neoliberal, el cual encontró su expresión política inicial a través de los gobiernos del presidente Ronald Reagan, en Estados Unidos, y de Margaret Thatcher, en el Reino Unido.

Por medio de los organismos multilaterales, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, ese modelo o sistema de funcionamiento económico fue esparcido al resto del mundo, incluyendo a América Latina; y por supuesto, a República Dominicana.

En el caso de nuestra región, las políticas diseñadas en el marco de ese modelo fueron identificadas como las del denominado Consenso de Washington. Conforme a las explicaciones de aquellos tiempos, en la década de los 90 del siglo pasado, estas políticas procuraban superar o corregir los desequilibrios macroeconómicos heredados del anterior sistema keynesiano.

Al enfocarse únicamente en superar esos desequilibrios, el Consenso de Washington o modelo neoliberal tuvo una gran debilidad: no consideró la aplicación de políticas sociales que pudiesen compensar los efectos que provocaban en la población las políticas de ajuste estructural.

Debido a eso, se sucedieron numerosas protestas en el mundo en desarrollo, especialmente en América Latina y el Caribe, así como específicamente en nuestro país, en las décadas finales del siglo XX.

Conjuntamente a la ocurrencia de esos hechos, se producía la caída del muro de Berlín, el desplome de las democracias populares de Europa del Este y el desmoronamiento de la Unión Soviética, dando fin al periodo de la Guerra Fría.

El fin de este periodo histórico fue, a su vez, sucedido por los grandes acontecimientos que caracterizan el momento actual: la globalización, la revolución digital, el terrorismo, la gran recesión global y la emergencia de la República Popular China como la segunda gran potencia económica del mundo.

Ese recorrido histórico de las últimas cuatro décadas se ve ahora; sin embargo, desafiado por nuevas tendencias que se van perfilando en el horizonte, como es el caso de la desglobalización, que implica el retorno a políticas proteccionistas en sustitución del tan preconizado libre comercio; que sustituye la libre circulación de las personas por la restricción a las migraciones y que en lugar de la integración regional, plantea el divorcio con las instituciones supranacionales, como el Brexit, en el Reino Unido, o la secesión por medio de nacionalismos radicales.

Desde el inicio de este año, 2020, un nuevo factor estremece al mundo: el de la aparición de un nuevo coronavirus, identificado como Covid-19. Esto ha desencadenado una crisis global de múltiples dimensiones, que abarca los aspectos de salud, así como los económicos, sociales y ambientales.

Como consecuencia, se ha producido una paralización de la economía mundial, que se manifiesta en términos de una nueva recesión mundial. Se ha incrementado el desempleo, se han cerrado empresas, ha disminuido el consumo, se ha estancado el comercio internacional, ha colapsado el transporte aéreo, marítimo y terrestre; y de repente, de manera inesperada, el mundo ha entrado en una de sus peores crisis de la época moderna.

En fin, un mundo lleno de incertidumbre, el cual va a un ritmo tan acelerado, que si bien resulta fascinante por la instantaneidad de las comunicaciones y los logros alcanzados por medio de la ciencia y la tecnología, por su falta de regulación y estabilidad, también provoca perplejidad y desasosiego.

Es en ese contexto que tenemos que reflexionar acerca del futuro de República Dominicana. Estamos insertos en una realidad mundial que se mueve en una permanente y continua transformación, y nuestro país tiene que ajustarse a abordar tres agendas al mismo tiempo: la de la recuperación de la pospandemia, la de las tareas pendientes del pasado y la relativa a los crecientes desafíos de la actualidad y del futuro.

Un factor que nos ha permitido mantener la estabilidad con crecimiento de nuestra economía ha sido el hecho de que hemos sabido combinar el papel del Estado con el de los mercados. Entendemos que los mercados constituyen el mejor mecanismo para la asignación de recursos en un sistema de libre competencia; pero al mismo tiempo, no se nos escapa el hecho de que al Estado le corresponde el papel de regulador y mediador con los distintos sectores de la sociedad.

Así pues, en República Dominicana, durante los gobiernos que nos tocó encabezar, no nos inclinamos ni por un Estado desarrollista ni por políticas fundamentalistas del mercado, sino por un modelo ecléctico, de economía social de mercado. Este permitía una relación de confianza y de equilibrio entre los distintos agentes del sistema económico, público y privado.

Ahora, mirando hacia el futuro, nos apoyamos en la Ley núm. 1-12, de Estrategia Nacional de Desarrollo 2030; en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas y en los logros alcanzados por la actual revolución científica tecnológica, como carta de navegación y motor de impulso, para diseñar políticas públicas concretas que nos permitan conquistar nuestras metas.

En base a lo antes sostenido, nos permitimos invitar a los distintos sectores de la vida nacional para que nos acompañen a hacer realidad los siete pilares que se exponen en este programa de gobierno, 2020-2024. Esos pilares son relativos al fortalecimiento institucional del Estado dominicano, la garantía de estabilidad económica con crecimiento, la promoción de un nuevo paradigma de innovación y uso intensivo de las tecnologías, el combate a la desigualdad social, la promoción de la seguridad ciudadana, el impulso al desarrollo de las infraestructuras y la protección del medio ambiente y recursos naturales.

Con la ejecución de esos pilares, la Fuerza del Pueblo aspira a contribuir a la realización de una nueva ola de transformaciones, en todos los ámbitos, en República Dominicana, que sirva de base para la prosperidad y el bienestar de nuestros ciudadanos.

¡No inventes, únete al #Camino Seguro!

Con tu esfuerzo, juntos llevaremos a la República Dominicana por senderos de bienestar, prosperidad y progreso para todos.

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       Leonel Fernández Presidente 2020
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