Bosch y Lilís

Por: Leonel Fernández |

Una de las tesis más originales elaborada por el profesor Juan Bosch sobre la historia dominicana radica en su interpretación del papel de Ulises Heureaux (Lilís), en el devenir de nuestra nación.

Como consecuencia del desarrollo de la industria azucarera a partir de la década de los 70 del siglo XIX, debido fundamentalmente a la migración de cubanos a Puerto Plata, para Bosch, Lilís representó un esfuerzo por construir una sociedad capitalista o burguesa, aunque sin tomar en consideración el ideal liberal de esa forma de organización económica y política.

A decir verdad, Ulises Heureaux fue un personaje singular de la historia dominicana. Nacido un año después de la proclamación de la independencia de la República, en 1845, era hijo de una madre proveniente de las Islas Vírgenes y de un padre de origen haitiano. A pesar de sus inicios humildes, fue avanzando, rápidamente, a través de la carrera militar.

Participó en la Guerra de la Restauración, en la que demostró gran valentía y capacidad de mando. Actuó bajo las órdenes, primero, del general Gaspar Polanco; y posteriormente, del general Gregorio Luperón.

Luego de haberse reconquistado la soberanía nacional, el general Ulises Heureaux acompañó al general Luperón en varias de las batallas que tuvieron que librarse en contra de los gobiernos de Buenaventura Báez y de otros líderes del Partido Rojo y del Partido Verde.

Fue herido en distintas ocasiones. Recibió varios impactos de bala y perdió el movimiento de su brazo derecho.

A pesar de eso, estuvo de jefe militar en las luchas contra Cesáreo Guillermo e Ignacio María González, hasta que en 1879, el Partido Azul llegó al poder para establecer su hegemonía política durante los próximos 20 años.

Al gobierno provisional del general Gregorio Luperón, en 1879, que solo duró un año, le siguieron, en forma sucesiva tres gobiernos.

Fueron los de Fernando Arturo de Meriño, de 1880 a 1882; el del propio Ulises Heureaux, de 1882 a 1884; y el de Francisco Gregorio Billini y Alejandro Woss y Gil, que se prolongó hasta 1886. Las primeras señales de que Lilís se había convertido en un diestro maestro de la manipulación política, se observaron a partir del fin de su primer periodo de gobierno, al suscitarse dentro de las filas del Partido Azul una disputa en torno a quién debería ser su sucesor.

Lilís organizó un fraude al colocar 15,000 votos en las urnas a favor de las candidaturas de Francisco Gregorio Billini y Alejandro Woss y Gil, quienes, en realidad, habían perdido frente a Segundo Imbert y Casimiro de Moya, favoritos de Luperón.

Desprecio por la democracia

Con esa acción inició Lilís una nueva etapa de su vida política, consolidando su poder. Esta se caracterizaría por el engaño, el disimulo y la doblez, hasta lograr imponer la primera real dictadura que conoció la República Dominicana.

La imposición de Billini como presidente de la República por parte de Lilís, dividió para siempre al Partido Azul. De manera concomitante, Lilís procuró también obtener el apoyo de los antiguos partidarios de Buenaventura Báez, quienes se quedaron desprotegidos con la muerte de su líder.

Estos, a su vez, le transmitieron a Lilís la sensación de que podía romper sus viejas relaciones con el general Gregorio Luperón y alzarse con todo el liderazgo del Partido Azul.

Así ocurrió. El general Luperón, que había perdido fuerza en las filas de los azules, al negarse en varias ocasiones a asumir la candidatura presidencial, tuvo que marcharse al exilio.

El ala liberal del Partido Azul nunca aceptó la maniobra fraudulenta que condujo a Billini al poder. Al final, las presiones le obligaron a renunciar a su cargo, sustituyéndole el vicepresidente, Alejandro Woss y Gil.

Pero este último era incondicional de Lilís. Por esa razón se entendía que este era el verdadero poder detrás del trono en la época en que Woss y Gil se encontraba al frente de los destinos nacionales.

Todos estos acontecimientos debilitaron la unidad interna del Partido Azul. Los rojos habían logrado dividirlo, convirtiendo a Heureaux en una figura opuesta a los principios tradicionales del Partido Azul.

En las elecciones de 1886, en las que Lilís volvió a ser candidato, nuevamente cometió fraude, usurpándole el triunfo, en esta ocasión a su antiguo vicepresidente, Casimiro de Moya.

De esa forma se inició, de manera formal, la dictadura de Ulises Heureaux, que terminaría 13 años después, cuando las calles de Moca fueron teñidas con su sangre.

La tesis de Bosch

En su clásico texto, Composición Social Dominicana, el profesor Juan Bosch hace un análisis de la personalidad política de Lilís en el contexto de su época. Para el destacado escritor y político, el avance económico y social de la República Dominicana en las últimas tres décadas el siglo XIX, se debió, como hemos dicho, a la migración cubana, promotora de la industria azucarera y de la ganadería.

Pero, desde el punto de vista político, la estabilidad alcanzada por el país, luego de tantas rivalidades y conflictos bélicos entre los distintos caudillos, se debió a Ulises Heureaux, quien llegó a ser calificado como “el Pacificador”.

Desde el punto de vista social, los líderes del Partido Azul, según Bosch, tenían una contradicción. Este estaba integrado por personas de la alta y mediana pequeña burguesía, que aspiraban a hacer de la República Dominicana un país con desarrollo capitalista o burgués.

Pero no había, por aquella época, condiciones para que se desarrollase una sociedad burguesa. La mayor parte de la población dominicana, inclusive, estaba compuesta por personas pertenecientes a la baja pequeña burguesía, pobre y muy pobre. Faltaba de todo. No había ejércitos regulares; administración pública organizada; estadísticas nacionales; ni infraestructuras que transmitieran una sensación de progreso.

Faltaban también las formas políticas del Estado burgués. No había respeto por las normas establecidas y hasta se ignoraba todo lo concerniente a un Estado democrático de Derecho.

Ulises Heureaux compartía con los demás líderes del Partido Azul la aspiración de convertir a la República Dominicana en un Estado burgués. Pero se distinguía de los demás líderes de su partido en lo relativo a los procedimientos.

Según Bosch, “la diferencia entre Lilís y sus compañeros del equipo director de los azules se resolvía en la aceptación de una palabra. Los otros querían que Santo Domingo fuera un Estado burgués liberal; a Lilís le bastaba con que fuera un Estado burgués, sin llegar a liberal.”

Al referirse al aspecto constitucional de la época, el fundador y líder histórico del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), sostuvo:

“La Constitución política se cambiaba con cada gobierno y a veces más de una vez durante un gobierno, si bien, aun con esos cambios, era normal que se violara.” Eso, obviamente, era en la época de Lilís.