Ucrania en la geopolítica mundial

Por: Leonel Fernández |

¿A qué se debe que los Estados Unidos y la Unión Europea hayan reaccionado de manera tan virulenta contra Rusia frente a los acontecimientos de Ucrania y la anexión de Crimea? ¿Cuál es la verdadera importancia que tiene Ucrania en la geopolítica mundial? ¿Qué es lo que realmente se oculta detrás de ese conflicto, el más importante entre los Estados Unidos y Rusia desde el fin de la Guerra Fría?

En verdad, lo que está detrás del conflicto, más trascendente que la propia situación de Ucrania, es lo relacionado con Eurasia, un vasto territorio que en términos geográficos equivale a la combinación de los continentes de Europa y Asia.

Ubicada fundamentalmente en los hemisferios Norte y Este, Eurasia se encuentra bordeada por el Océano Atlántico en el Oeste; el Océano Pacífico al Este; el Ártico en el Norte; y por África, el Mar Mediterráneo y el Océano Índico en el Sur.

Toda esa extensión territorial abarca más de 54 millones de kilómetros cuadrados, lo que equivale a cerca del 36 por ciento de la superficie del planeta.

En ella habitan cinco mil millones de habitantes, más del 72 por ciento de la población mundial, y es, desde todos los ángulos, el mayor y más importante de los cinco continentes.

La idea para que exista una concepción de Eurasia, es que la división entre Europa y Asia como dos continentes separados carece de fundamento, ya que no hay una frontera natural o línea de separación física entre ellos.

Europa y Asia, por consiguiente, más que desde la perspectiva geográfica, sólo existen como una creación histórica y cultural, surgida desde la Antigüedad, en la lucha permanente de los pueblos por expandir su dominio territorial.

Más aún, esa separación en dos continentes, de lo que debería ser uno solo, Eurasia, respondería también, presuntamente, al predominio del eurocentrismo, una visión que promueve la idea de Europa como el centro de los grandes acontecimientos históricos y cuna de la civilización contemporánea.

Eurasia en el conflicto mundial

Zbigniew Brzezinski, el destacado cientista político norteamericano, de origen polaco, especializado en estudios de geopolítica, en su enjundioso libro (el cual recomiendo con gran entusiasmo), El Gran Tablero Mundial, sostiene que Eurasia es “el tablero en el que la lucha por la primacía global sigue jugándose”. Esa tesis la elabora a partir del criterio de que desde que “los continentes empezaron a interactuar en el terreno de la política, hace alrededor de quinientos años, Eurasia ha sido el centro del poder mundial”. Pero ocurre, conforme al mismo autor, que desde la última década del siglo XX se ha producido un desplazamiento tectónico en los asuntos mundiales, pues, por primera vez en la historia, “una potencia no euroasiática ha surgido no sólo como el árbitro clave de las relaciones de poder euroasiáticas sino también como la suprema potencial mundial”. Se trata, por supuesto, de los Estados Unidos, que luego del desplome de la Unión Soviética se han convertido en la única potencia de carácter global.

Según Brzezinski, en 1940, al inicio de la Segunda Guerra Mundial, dos aspirantes al poder global, Adolfo Hitler y José Stalin, acordaron que los Estados Unidos tendrían que quedar excluidos de Eurasia, por la razón de que su presencia en esa zona podría generar obstáculos a sus propósitos de dominio mundial.

Tanto Hitler como Stalin compartían el criterio de que Eurasia es el centro del mundo y la de quien controle a Eurasia controlará el mundo.

Ahora, el tema ha sido replanteado y colocado en la prioridad de la agenda internacional a partir de los acontecimientos de Ucrania, que se encuentra precisamente en la zona central (el heartland, como dicen los geopolíticos), de Eurasia.

La pregunta clave es: ¿Se mantendrán los Estados Unidos como la fuerza predominante en Eurasia, y si es así, con qué objetivo? Para Brzezinski, el objetivo último de la política norteamericana debería ser benéfico y solidario, pero, mientras tanto, “es esencial que no produzca el surgimiento de ningún aspirante al poder euroasiático capaz de dominar Eurasia y, por lo tanto, también de desafiar a los Estados Unidos”. Para el destacado académico norteamericano, “la manera en que los Estados Unidos gestionen Eurasia resulta crucial. Eurasia es el mayor continente del planeta y su eje geopolítico”.

“La potencia que domine Eurasia podría controlar dos de las tres regiones del mundo más avanzadas y económicamente más productivas”. Eso es lo que explica que los Estados Unidos hayan manifestado su oposición al plan del presidente ruso, Vladimir Putin, de promover la Unión Económica de Eurasia, sobre la base de que se trata de un intento de restablecer un vínculo de dominio de Rusia con relación a las antiguas repúblicas socialistas soviéticas.

Pero es también lo que permite comprender las declaraciones de Hillary Clinton, cuando ocupaba la función de Secretaria de Estado, al sostener que no importaba el nombre que se le pusiese a la asociación, pues “podía ser Unión Económica de Eurasia o Unión Aduanera de Eurasia, pero no hay lugar al error ni la confusión. Sabemos cuál es el objetivo y estamos buscando la manera efectiva de evitarlo”.

El objetivo de Putin

¿Cuál es el objetivo al cuál se refería Hillary Clinton?

Para comprenderlo, es necesario recordar el discurso del presidente Vladimir Putin al Parlamento ruso en el 2005, en el que proclamó que “el colapso de la Unión Soviética era la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX”. Y es que como resultado de la desintegración de la Unión Soviética, sus antiguas repúblicas se organizaron como Estados soberanos independientes, marcando distancia con Moscú, que durante más de 70 años había sido el centro de donde emanaban las decisiones más trascendentes.

Alejadas de Rusia por razones étnicas, culturales, lingüísticas y religiosas, varias de esas antiguas repúblicas soviéticas, ahora integrantes de lo que se conoce como el “espacio postsoviético”, han estado imbuidas de un fuerte sentimiento nacionalista, y han procurado un acercamiento con el mundo occidental.

Algunas, como las del Báltico, compuestas por Letonia, Lituania y Estonia, han pasado a formar parte de la Unión Europea y se han adherido al mecanismo de seguridad y defensa militar identificado como la OTAN. Otras, con mayor o menor fortuna, han procurado lo mismo.

Para Rusia, la separación de las antiguas repúblicas soviéticas ha representado no sólo un retroceso en términos de dominio territorial, sino una crisis de identidad, en el sentido de establecer qué significa ser ruso en el siglo XXI.

Esa crisis de identidad ha pretendido ser superada mediante la promoción de la doctrina del eurosianismo, que aunque hunde sus raíces en el siglo XIX, ha sido desempolvada ahora por Putin, quien se ha convertido en su más enérgico y entusiasta promotor.

El eurosianismo parte de la idea de que por razones geopolíticas y culturales, Rusia no es lo suficientemente europea ni lo suficientemente asiática, sino una mezcla de ambas, con lo cual adquiere una identidad propia que la distingue: la euroasiática.

Como doctrina, a su vez, el euroasianismo aspira a levantar, en el espacio post-soviético, el sentimiento de orgullo que puede significar la recuperación y unificación del territorio situado entre Europa Central y las costas del Océano Pacífico, una herencia de más de 400 años, conquistada durante la época de expansión del Imperio ruso.

En base a la doctrina del eurosianismo, el presidente Vladimir Putin intenta restablecer el papel de Rusia como actor clave en el escenario internacional, y de erigirse en un factor de balance o contención a las pretensiones de potencia única global de los Estados Unidos.

Para ser realidad, sin embargo, esa visión de un mundo eurasiático bajo dominio ruso, es imprescindible ejercer control o influencia sobre Ucrania, la frontera entre el mundo asiático y el europeo; y es esa pretensión rusa lo que ha suscitado la ira de los Estados Unidos y la Unión Europea.

Pero más que Ucrania o la anexión de Crimea, lo que está en juego, desde la perspectiva de la geopolítica, es el dominio del mundo, pues como bien ha afirmado Zbigniew Brzezinsk quien domina Ucrania, domina Eurasia; y quien controla Eurasia, controla el mundo.