Discurso ante la Asamblea Nacional el 27 de Febrero del 2000

Por: Leonel Fernández |



Por cuarta y última vez durante este período constitucional, comparezco por ante esta Reunión Conjunta de ambas Cámaras del Congreso Nacional, a los fines de dar cumplimiento a lo estipulado en el artículo 55, inciso 22 de la Constitución de la República.

Es increíble lo rápido que discurre el tiempo. Parece como si fuese ayer que hacía uso de esta tribuna para presentar ante el país mi discurso de toma de posesión; y tan es así, que a pesar de que hemos entrado en la fase final de esta gestión gubernamental, todavía escucho de labios de muchas personas el hacer referencia a esta administración como el “nuevo gobierno”.

No escapa a quien hace uso de la palabra el sentido de relatividad del tiempo, pues si bien es cierto que para quienes estamos conduciendo los destinos nacionales estos cuatro años han resultado cortos ante la magnitud de las tareas que deben realizarse para que el país deje atrás el subdesarrollo y la pobreza y avance hacia la modernidad y el progreso, no es menos cierto que para la oposición han constituido una eternidad.

Sin embargo, a propósito de la relatividad del tiempo, recientemente hemos asistido en calidad de testigos privilegiados a un acontecimiento singular: a la muerte de un siglo y al nacimiento de un milenio.

El siglo XX ha sido de todas las épocas históricas hasta ahora conocidas, el que más ha contribuido a la transformación de la condición humana, elevando sus expectativas de vida y abriendo nuevos horizontes espirituales por medio de la investigación científica y la creación de obras de arte.

El siglo XX, no obstante, ha sido también una época lúgubre para la humanidad, en la que la condición humana ha sido llevada a sus niveles más abyectos y degradantes.

Al tiempo que el siglo del automóvil y de los vuelos espaciales, ha sido el siglo de las dos grandes guerras mundiales. Al tiempo que el siglo de la aparición de la radio, la televisión y el satélite, ha sido también el siglo del holocausto hitleriano contra los judíos, del lanzamiento de la bomba atómica y de la extinción de grandes núcleos poblacionales en distintas partes del mundo afectados por el hambre.

El siglo XX ha sido el siglo de la revolución bolchevique, de la Gran Depresión, del surgimiento del fascismo, de las dictaduras latinoamericanas, de la Guerra Fría, de la caída del Muro de Berlín y de la globalización.

Pero el siglo XX ha sido también el siglo de Picasso, de Freud, de Einstein, de Churchill, de De Gaulle, de Mahatma Gandhi, de Mandela y de García Márquez.

Igual ha sido aquí, en nuestra República Dominicana. Para nuestro país, el siglo XX ha sido una mezcla de avances e infortunios.

En la República Dominicana, en el siglo XX se ha levantado la infraestructura física que hoy se encuentra esparcida por todo el territorio nacional. Ha sido también el siglo de las comunicaciones y del contacto masivo de los dominicanos con el resto del mundo. En fin, ha sido el siglo en que se enraizado nuestra identidad nacional y se ha consolidado nuestra vocación por la democracia.

Si bien el siglo XX ha representado para nuestro país dos ocupaciones militares extranjeras, el surgimiento de una dictadura feroz, como la de Rafael Leonidas Trujillo, guerras civiles, desestabilización política, caos institucional, carencia de oportunidades, corrupción y sufrimientos y angustias indescriptibles, no es menos cierto que el siglo XX ha sido, al mismo tiempo, el siglo del progreso y de la transformación de la República Dominicana de una sociedad rural, despoblada, con baja autoestima, constituida por villorrios aldeanos, en una sociedad moderna, urbana, dinámica, compuesta por una población creciente que empieza a mirar con optimismo hacia el futuro y se siente orgullosa de ostentar la nacionalidad dominicana.

En la República Dominicana, el siglo XX ha sido el siglo de Abelardo Rodríguez Urdaneta, de Pedro Henríquez Ureña, de Manuel del Cabral, de Pedro Mir, de Heriberto Pieter, de Osvaldo García de la Concha, de Oscar de la Renta, de Luis Alberti, de Julio Alberto Hernández, de Tetelo Vargas, de Juan Marichal, de Felipe Alou, de Sammy Sosa y de Pedro Martínez.

El siglo XX ha sido, en la República Dominicana, el siglo de Joaquín Balaguer, de Juan Bosch, de José Francisco Peña Gómez, de Manolo Tavárez Justo y de Francisco Alberto Caamaño Deñó.

Ahora, los dominicanos nos preparamos para asistir a los umbrales del siglo XXI, conscientes de que nuestro mayor reto consiste en propiciar las condiciones que permitan que cada niña o niño, hombre o mujer nacido en esta tierra, encuentre el clima adecuado para cultivar su inteligencia, desarrollar sus potencialidades creadoras y vivir con decoro.

Esa ha sido la meta de esta gestión gubernativa durante los tres años y medio que lleva al frente de la vida pública nacional. Su objetivo central ha sido el de contribuir a la modernización de la República Dominicana a través de un proceso de consolidación de las instituciones del Estado, el crecimiento estable de la economía nacional, la generación de empleos, la formación de recursos humanos, el énfasis en el gasto social, la mejoría del sistema de transporte y de la infraestructura vial, la innovación tecnológica y el posicionamiento internacional de nuestro país en el marco de un mundo globalizado.

CRECIMIENTO ECONOMICO

Uno de los logros más trascendentales de esta gestión gubernativa ha sido el haber obtenido el reconocimiento internacional en la conducción de su política económica. En distintas latitudes del mundo ya hasta se habla del “milagro económico dominicano”.

La razón es comprensible, y es que desde el 1996 hasta la fecha, la economía dominicana ha tenido una tasa promedio de crecimiento anual de cerca de un 8 por ciento.

Esto significa, en términos gráficos, que si cada año un país crece en su capacidad de producción de bienes y servicios un 8 por ciento, al cabo de cuatro años, según los cálculos de crecimiento exponencial, habrá crecido un 36 por ciento, lo que a su vez quiere decir que en los cuatro años de esta gestión gubernamental hemos añadido, en términos productivos, más de un tercio de país al que existía en el año de 1996.

Óigase bien, señores: Este gobierno ha creado en términos de producción de riqueza, un tercio de República Dominicana que no existía hace cuatro años.

Al crecer de esa manera, los ingresos del Estado también han experimentado un crecimiento excepcional.

Para 1996, los ingresos del Estado por cobro de impuestos ascendían a 22,000 millones de pesos. Para el año en curso, dichos ingresos han sido calculados en 51,000 millones de pesos.

Lo que ese simple dato refleja es que este gobierno ha podido duplicar en tan sólo tres años lo que la República Dominicana había logrado en el área de ingresos fiscales desde su fundación en el año de 1844 hasta nuestra toma de posesión en 1996.

En una perspectiva más amplia, si nos comparamos con los demás países de América Latina y del mundo, encontraremos que el año pasado la economía mundial creció en 3.3 por ciento y la de América Latina en apenas 0.3 por ciento.

Pero lo que llama todavía más la atención en el caso de nuestro país es que el alto nivel de crecimiento económico se ha correspondido con una baja inflación, de tal manera que durante el 1999 dicha tasa fue de apenas un 5.1 por ciento, lo que refleja una notable estabilidad de los precios.

Estoy consciente de que desde diferentes sectores de la vida nacional se sostiene que el crecimiento económico no constituye desarrollo y se hace énfasis en que dicho crecimiento en sí mismo no incide sobre el problema social que con mayor énfasis gravita en la realidad del país: el flagelo de la pobreza.

Con relación a este particular es preciso indicar que es cierto que crecimiento económico no equivale a desarrollo, pero tampoco es posible alcanzar el desarrollo en ausencia del crecimiento económico.

El crecimiento económico es pues, la condición básica indispensable para que pueda surgir el desarrollo; y como resultado del crecimiento económico obtenido durante esta gestión gubernamental, se han creado 442,000 nuevos empleos y se proyecta para la culminación de este mandato la creación de 80,000 empleos adicionales para un total de 520,000 empleos en un período de cuatro años, hecho sin precedentes en la historia nacional.

La creación de esas fuentes de empleo ha significado una reducción de tres puntos porcentuales en la tasa de desempleo, la cual era en 1996 de 16.7 por ciento y para 1999, de 13.8 por ciento, la más baja de toda la historia.

Los 442,000 nuevos empleos, creados en estos tres años y medio, han debido beneficiar a una cantidad similar de hogares, compuestos por un promedio de 4.2 personas por hogar, lo que significa entonces, que directa o indirectamente, unos 1.8 millones de personas han podido recibir el impacto positivo de esta expansión de la base ocupacional de la economía.

La calidad del crecimiento económico se mide en la incidencia que pueda tener en mejorar las condiciones de vida de lo que siempre debe ser el centro de toda política económica: el ser humano.

Y efectivamente, el crecimiento alcanzado durante esta gestión ha beneficiado de manera significativa a los niños, a los jóvenes, al hombre, a la mujer y a los ancianos de la República Dominicana.

En 1982, la tasa de mortalidad infantil era de 71 niños por cada mil nacimientos, y en la actualidad es de 34 fallecimientos por cada mil nacidos, es decir, una reducción de más del 50 por ciento.

En 1982, la desnutrición infantil era de 13.8 por ciento. En 1999, era de 4.3 por ciento, lo que significa que ha disminuido drásticamente en un 66 por ciento.

De 1982 a 1999 el número de niños de 10 a 14 años que se encontraba trabajando en la calle como porcentaje del total de la mano de obra ocupada se ha reducido en un 60 por ciento.

En 1995 había 1,500,000 niños y jóvenes matriculados en las escuelas públicas. En 1999, esa cifra se había incrementado a 2,400,000. Es decir que en tres años este gobierno ha logrado elevar el número de matriculados en 900,000 alumnos, más de la mitad de la totalidad de los que había cuatro años atrás.

En 1996 se distribuían 232,000 raciones diarias del desayuno escolar. Hoy en día, 1,200,000 niñas y niños dominicanos reciben diariamente en sus escuelas, no sólo el pan de la enseñanza, sino también los ingredientes nutritivos que les permitirán desarrollar sus facultades intelectivas, y por consiguiente, convertirse en los ciudadanos del siglo XXI para una nueva República Dominicana.

En 1996 no había una sola computadora en las escuelas públicas del país. Hoy, sin embargo, puedo afirmar con orgullo que si algún legado importante habrá de dejar esta Administración en favor de la juventud y del futuro de la República Dominicana, es el haber instalado laboratorios de computadoras en las escuelas públicas secundarias del país y en proceder a la conexión del sistema del Internet en esas mismas escuelas antes del 16 de agosto del año 2,000.

Hoy día los trabajadores que devengan el salario mínimo de $2,895 pesos al mes, no tienen que pagar impuesto sobre la renta, con lo cual se aumenta su capacidad de consumo.

Pero no solamente se han elevado los salarios, sino que se ha mantenido controlada la inflación y por medio de programas como el de ventas populares de INESPRE y las Boticas Populares, se beneficia al trabajador con reducciones significativas en los precios de artículos necesarios para su vida diaria.

Por medio del programa de Boticas Populares, por ejemplo, una persona pobre puede comprar por sólo 8 pesos la unidad de penicilina que una farmacia vende a 69 pesos; o por sólo 5 pesos, el jarabe de hierro vitaminado que las farmacias venden a 60 pesos el frasco.

En 1999 los pobres del país se ahorraron 413 millones de pesos por la compra de medicamentos en las Boticas Populares, y recibieron de diversas maneras, el apoyo solidario del gobierno a través del Plan Social de la Presidencia.

En 1982, la esperanza de vida al nacer era de 65 años. En la actualidad es de 72 años.

En 1995, se pagaron 273 millones de pesos en pensiones. En 1999 esa suma alcanzó los 1,073 millones de pesos, es decir, casi cuatro veces más.

La existencia de un núcleo importante de nuestra población sometida todavía a la miseria y a la desolación no es pues, el fruto de la aplicación de la política económica que lleva a cabo el actual gobierno, sino el resultado de una tragedia nacional que hunde sus raíces en la historia y que arrastramos desde hace varios siglos.

Superar esa situación de tragedia nacional, que significa la pobreza, es uno de los grandes retos que todos los que amamos esta tierra tenemos por delante en el siglo XXI, y estoy convencido de que durante esta gestión de gobierno, con el aprovechamiento por vez primera en la historia de las condiciones propiciadas por la revolución científico-tecnológica, la formación de nuestros recursos humanos mediante un sistema educativo de calidad, así como nuestra incorporación a los mercados internacionales, hemos sembrado la semilla para que la República Dominicana pueda convertirse en una sociedad auténticamente moderna, con la inclusión de todos sus núcleos sociales.

Ahora bien, el desarrollo que hemos ido logrando sólo será sostenible en la medida en que seamos capaces de garantizar un buen aprovechamiento de los recursos naturales y el medio ambiente.

Dentro del Plan Nacional Quisqueya Verde hemos logrado sembrar más de 24 millones de plantas en 48 frentes de reforestación situados en comunidades campesinas que van desde Pajarito, en Hondo Valle, hasta La Cuchilla en El Seibo.

Para agosto de este año, habremos logrado superar con creces la meta que nos propusimos al inicio del Plan, que fue la de sembrar 30 millones de plantas y mejorar la calidad de vida de familias que viven en las cuencas hidrográficas del país, con lo que estamos reduciendo los graves riesgos que causan la deforestación y la degradación de los suelos, además de la contaminación de nuestras aguas y la desaparición de los ríos y cañadas.

Así es como lograremos tener una Quisqueya Verde para siempre.

Señores miembros de la Asamblea Nacional:

Lograr una economía estable y en crecimiento es uno de los factores claves para alcanzar la gobernabilidad democrática en países que, como la República Dominicana, han sido tradicionalmente sociedades frágiles.

En determinados círculos de opinión pública suele criticarse de diversas maneras el hecho de que nuestra economía haya experimentado un crecimiento en la forma en que lo hemos descrito.

Para algunos se trata de un hecho ficticio con el que el gobierno ha pretendido, en forma deliberada y mal intencionada, manipular a la población.

Esa crítica ignora que las economías de los distintos países son supervisadas por organismos internacionales, como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y otras agencias de desarrollo, así como por instituciones financieras privadas, de reconocido prestigio internacional como son Standard and Poors, Moodys, Goldmand Sachs, Salomón Smith and Barney, que también realizan estudios y análisis sobre el desenvolvimiento de la economía de los distintos países con la finalidad de hacer recomendaciones a potenciales inversionistas.

Dado que ese es el único oficio de esas instituciones y su mayor responsabilidad, cuentan con un personal de altísima calidad profesional para examinar en profundidad las cuentas y el funcionamiento preciso de las economías de todos los países del mundo, por lo que es difícil, por no decir imposible, que se les pueda engañar respecto de la realidad auténtica de la economía de una nación.

Al pretender desconocer la realidad de las cifras del crecimiento económico de la República Dominicana, es probable que las escasas voces escépticas que le hayan atribuido al gobierno tal capacidad de taumaturgia, o de realización de hechos prodigiosos, en el fondo, aunque en forma involuntaria, no hayan hecho más que elogiarlo por esa inexistente pero extraordinaria virtud que sería la de poder burlarse de las inteligencias más sofisticadas del mundo en el área de las finanzas.

Talvez, esa intención de desconocer la realidad del crecimiento económico de nuestro país, se deba, en verdad, a otra razón. Quizás, el crecimiento ha sido de tal magnitud, que las voces disidentes han sucumbido al predominio de una visión pesimista característica de una época histórica dominicana, o se han sentido abrumadas por el peso de las cifras, y no han podido salir de su aturdimiento.

Pero como advirtió José Ramón López a finales del siglo pasado “no vale lloriquear, dolerse tristemente… de la suerte de la patria… Lo que vale es poner el alma y los cinco sentidos en la creación de riqueza, pensar que ella es fuerza generadora, que con ella tendremos raza vigorosa, civilización, escuelas, ejército, escuadra, buenos gobiernos, valores naturales convertidos en valores comerciales: pensar eso, y lanzarnos por todos los caminos a buscarla. Rica la Nación, bien nutridos sus pobladores… cumplirá la República brillantes destinos, y sobre todo será la mansión de un pueblo fuerte y feliz, el hogar de una raza llena del vigor físico y espiritual que hermosea la vida, que incita a amarla…”

FACTORES DE CRECIMIENTO

El vigoroso crecimiento de la economía en el año 1999 se sustentó en la extraordinaria expansión de las actividades de la construcción, la cual fue de un astronómico 18.2%.

Justo es reconocer que ese fenomenal auge de la construcción se ha debido a una combinación de la inversión privada en centros comerciales, hoteles, torres residenciales y viviendas familiares, así como a la notable inversión pública en carreteras, aeropuertos, soluciones viales urbanas, edificación de escuelas, remodelación de hospitales, proyectos habitacionales de bajo costo, como los “megaproyectos de los pobres” que incluyen miles de viviendas que se han levantado en El Tamarindo, en la capital, en San Juan de la Maguana y en Bonao, en beneficio de los damnificados del huracán Georges, y numerosas obras comunitarias esparcidas por todo el territorio de la República.

El espectáculo impresionante del fenómeno de la construcción puede observarse en la República Dominicana a través de dos factores claves. Primero, a través del aumento de 1.8 a 3.1 millones de metros de construcción de apartamentos y viviendas bajo permiso otorgado por la Secretaría de Obras Públicas, para un aumento de 80% en los últimos tres años.

Segundo, por medio de la explosión en el consumo de cemento, lo cual ha llevado al país a ocupar en ese aspecto, el primer lugar en la América Latina y el Caribe. En el hemisferio, sólo los Estados Unidos consumen más cemento por habitante que la República Dominicana.

Al incremento del Producto Interno Bruto en 1999, contribuyó igualmente el sector de las comunicaciones con una tasa de 15.6%, al registrarse una mayor instalación de aparatos telefónicos residenciales, comerciales, celulares, beepers y servicios de Internet.

El tercer sector de mayor crecimiento de la economía dominicana durante el 1999 fue la industria local, con 10.9%, respondiendo así los empresarios dominicanos a una mayor demanda de bienes industrializados por parte de la población, como lo revelan los casos de la leche pasteurizada, la cerveza, los alimentos, y los materiales de construcción, como la pintura, la varilla y el cemento.

El turismo tuvo el año pasado una notable recuperación respecto al año precedente, cuando se vio seriamente afectado por los estragos causados por el huracán Georges en las instalaciones hoteleras de la región Este.

Esta actividad creció en 10.3 por ciento debido a un aumento de más de 5,000 habitaciones y en el número de turistas que visitaron el país, que el año pasado fue de 2,649,000, un aumento de un 15 por ciento respecto al 1998.

El repunte del sector turístico se reflejó en la apertura de nuevas instalaciones hoteleras en las zonas de Bávaro, Punta Cana, Bayahibe, Puerto Plata, y en otras localidades turísticas del país, representando oportunidades de empleo permanente para la población de las comunidades circundantes, así como una demanda agregada de bienes y servicios para las empresas nacionales suplidoras de los mismos.

En el sector turístico, en términos de ingresos, pasamos en apenas tres años, de 1,783 millones de dólares en 1996, a 2,510 millones en 1999. Eso significa un incremento de 727 millones, es decir, un crecimiento de casi 41 por ciento en tres años.

Ese incremento en los ingresos fue el resultado del aumento del número de turistas que el país recibió. En 1999 llegaron 723,853 turistas más que tres años antes, para un incremento del 37.6 por ciento.

Sólo en construcción de nuevos hoteles y habitaciones durante los tres primeros años del presente gobierno, la inversión ha sido de unos 560 millones de dólares, esto es, más de 9,000 millones de pesos, con lo cual se han incorporado 14,000 nuevas habitaciones hoteleras.

Óigase bien: 14,000 nuevas habitaciones hoteleras en tan sólo tres años. Una proeza sin antecedentes.

Esa situación de expansión del sector turístico ha generado unos 70,000 nuevos empleos en forma directa o indirecta.

Para fortalecer la demanda y procurar que no se detenga el ritmo de crecimiento del turismo, hemos invertido más de 350 millones de pesos en publicidad y promoción en el exterior, con lo cual hemos procurado diversificar los mercados desde donde vienen los turistas a nuestro país, hecho que será uno de nuestros mejores legados al sector.

En ocasiones se piensa, de manera equivocada, que el sector turístico se encuentra escasamente vinculado con el resto de la economía nacional. Que se trata más bien, de un enclave extranjero.

No es así. Con excepción de los vinos y los whiskys importados, todos los demás productos que consumieron los 2,649,000 turistas que nos visitaron el año pasado, son producidos en la República Dominicana.

Los rones, cervezas, refrescos, jugos, leche, café, yogur y helados que se ingieren, son elaborados en el país; y lo mismo sucede con los alimentos de consumo diario que se sirven en las mesas de nuestros hoteles y restaurantes, como son carnes de pollo, res, cerdo y chivo, pescados y mariscos, queso, mantequilla, huevos, arroz, habichuelas, vegetales y viandas.

Tanto la panadería como la repostería son elaboradas con harina criolla, al igual que las pastas. A veces, hasta los quesos “franceses” que se ofrecen en el buffet son elaborados en Santo Domingo por un exitoso mediano empresario, y las tiendas venden camisetas y artesanías de factura doméstica.

Como se ve, el turismo es una verdadera industria que vincula a diversos sectores de la producción nacional que, al colocar sus productos en los hoteles y restaurantes de los distintos polos turísticos del país, realizan una exportación sin haber salido del territorio nacional.

De 1995 a 1999, el número de parques industriales en las zonas francas del país ha experimentado un aumento de 33 a 46 y el número de empresas de 469 a 496.

Como resultado de lo anterior, las ventas de las zonas francas al exterior han aumentado de 2,907 millones de dólares en 1995, a 4,100 millones de dólares en 1998, y se han creado 30,000 nuevas plazas de empleo.

No obstante, es preciso indicar que la no-aprobación de la ley de paridad textil en el Congreso de los Estados Unidos se ha erigido en un impedimento para un mayor y más intenso crecimiento del sector en la economía nacional.

Ha sido por esa razón que el Gobierno dominicano, en combinación con el sector privado, ha elevado su voz ante distintos organismos del Estado norteamericano y muy especialmente, ante comisiones del Senado y de la Cámara de Representantes de esa gran nación, a los fines de solicitar el que nuestro país sea incluido dentro de los beneficios que reciben las naciones suscriptoras del Tratado de Libre Comercio de las Américas, también conocido como Acuerdo NAFTA.

Nos sentimos esperanzados de que en el transcurso de las próximas semanas, la cámara baja del Congreso estadounidense se reunirá y aprobará esa pieza legislativa que contribuirá a suscitar nuevas esperanzas en nuestro medio al generar un mayor flujo de inversiones en el sector de las zonas francas, lo cual hasta el momento, no ha ocurrido debido a la actitud de espera que tienen empresarios, tanto nacionales como extranjeros, del destino final del referido proyecto legislativo.

En lo que se refiere al comercio, este sector está viviendo una auténtica revolución, evidenciada en la ampliación y modernización sin precedentes de las redes de distribución y ventas de alimentos y bebidas, electrodomésticos, ropa, muebles, artículos ferreteros y vehículos de motor.

En estos últimos tres años, han surgido innumerables nuevos establecimientos comerciales de diversa índole. La elegante presentación de las vitrinas, la atracción de firmas de prestigio internacional, la aplicación de modernas técnicas de marketing y de venta, ha provocado que entre muchos ciudadanos se produzca el comentario de que en la República Dominicana casi estamos como en los Estados Unidos. Otros, con mayor proclividad hacia el humor, suelen decir: “Aquí ya estamos como en los países”; “igualito que allá”.

De 1996 a 1999 el número de microempresas ha aumentado en más de 60,000 y el total de empleos nuevos creados por el sector en ese período, ha superado los 260,000.

No es concebible una situación de dinamismo en el ámbito comercial en ausencia de un sector financiero activo y vigoroso.

Y efectivamente, durante el año 1999, el sector financiero respondió adecuadamente a la mayor demanda de recursos para la producción, manteniendo un crecimiento significativo en sus operaciones.

Los activos totales crecieron en 20.1 por ciento, alcanzando un monto de 151,503 millones de pesos. La cartera de préstamos creció en 23.9 por ciento, alcanzando la suma de 90,863 millones de pesos. Las captaciones del público, ya sean en forma de depósitos, certificados, acciones y otras modalidades, ascendieron a la suma de 103,970 millones de pesos, para un aumento de 20.7 por ciento.

Junto a un mayor volumen de crédito se ha registrado una reducción de las tasas de interés, abaratando el costo del dinero tanto para uso productivo como para gastos personales. Las tasas sobre los préstamos y captaciones de recursos promediaron 22.2 por ciento y 18 por ciento respectivamente.

A diferencia de otras épocas recientes, durante este gobierno no se ha producido la quiebra de un solo banco ni el descalabro de una sola institución financiera. Eso se ha logrado debido al cumplimiento estricto de las normas prudenciales establecidas por las autoridades monetarias, así como al desarrollo de una banca de servicios múltiples que se ha diversificado en sus operaciones y modernizado en sus unidades de servicios.

El transporte es también uno de los sectores en que los aires de la modernización se han hecho sentir con mayor intensidad. Es visible, principalmente ante los usuarios del transporte colectivo, la ampliación y modernización de las rutas, la renovación de la flotilla vehicular, especialmente de autobuses, los cuales han ido reemplazando las viejas y destartaladas guagüitas “voladoras”, que además de incomodidad, calor, sucio y angustia, constituían una fuente permanente de peligro para usuarios y peatones.

Para el transcurso de los próximos meses estamos esperando nuevos autobuses, especialmente de los llamados autobuses articulados y biarticulados, los cuales son conocidos en algunos países como los “camellos” o los “gusanos”.

De igual manera, estamos a la espera de una flotilla de 2,000 unidades de taxis, que serán entregados a los trabajadores del volante en condiciones de fácil adquisición, para de esa forma reemplazar los desgastados y entumecidos carritos de “concho” por nuevos vehículos que contribuyan no sólo a transportar en forma cómoda y segura a los usuarios, sino a proyectar una imagen de orden, progreso y modernización de las ciudades por donde circulen.

A pesar de que durante las últimas dos décadas la sociedad dominicana ha venido experimentando una transformación radical, de tal grado que en lugar de una sociedad rural se ha ido constituyendo en una sociedad predominantemente urbana, en la que su economía en lugar de descansar, esencialmente, en la tradicional exportación de productos agropecuarios, se basa en el sector de los servicios y de la manufactura, no es menos cierto que un núcleo importante de nuestra población vive en el ámbito rural y depende para su sustentación de la riqueza que emana de la tierra.

Es por tal razón que durante este gobierno le hemos prestado particular interés al desarrollo de la actividad agropecuaria, a pesar de que durante estos tres años y medio hemos sido víctimas de una prolongada sequía en el 1997 y de un devastador huracán a finales de 1998.

En apoyo a la labor de los hombres y las mujeres del campo, este gobierno procedió a la capitalización del Banco Agrícola con aportes que superan los 2,069 millones de pesos.

Con esos recursos, la referida entidad de fomento agrícola ha podido realizar más de 114,000 préstamos a medianos y pequeños productores, la mayoría de los cuales han sido a una tasa de interés del 12 por ciento anual, la más baja de los últimos 20 años.

Ha sido durante esta administración que se ha impuesto la aplicación de una tasa cero de arancel de aduanas, es decir, de la eliminación del pago de los impuestos aduanales para la importación de los insumos, maquinarias y equipos utilizados en la producción agropecuaria.

Pero también ha sido durante esta gestión que se ha hecho una renegociación de la deuda de los productores con la banca comercial privada, de cerca de mil millones de pesos, con lo cual se ha logrado la recuperación de miles de productores que se encontraban al borde de la quiebra; y ha sido durante este gobierno que se le ha brindado apoyo al mediano y pequeño productor a través del servicio de preparación de terrenos y del fortalecimiento de los programas de manejo integrado de plagas.

Se ha sido sumamente efectivo en la aplicación del programa de manejo integrado de la broca del café y hemos tenido la suerte de no haber sido afectados durante esta gestión de gobierno por la mosca blanca que tanto daño causara en otros tiempos.

Se logró mediante decisión de la Junta Monetaria la reapertura de la ventanilla de crédito DEFIMPRO mediante la cual se ha puesto a disposición de los productores agropecuarios préstamos a una tasa de interés de 14.5 por ciento, es decir, 7.5 por ciento menos que la predominante en la banca comercial.

Durante este gobierno se han construido presas, acueductos rurales, sistemas de drenaje, numerosos canales de riego, pozos tubulares y lagunas artificiales.

Se ha procedido, a través del Instituto Agrario Dominicano, a la captación de nuevas tierras y por vez primera, se ha institucionalizado la entrega de títulos definitivos de propiedad a los campesinos beneficiarios del proceso de reforma agraria.

Por primera vez se ha reivindicado a la mujer del campo, eliminando el Banco Agrícola el requisito que se le exigía de obtener la firma de un hombre como garante para poder optar por un crédito.

Se ha asignado una alta prioridad al Programa de Desarrollo Agrícola en San Juan de la Maguana (PRODAS) y se dio inicio recientemente, con un préstamo del gobierno de Japón, a la segunda etapa del proyecto AGLIPO, ubicado en la zona de Nagua.

Se han levantado huertas familiares y escolares y se han obtenido importantes niveles de producción en los principales cultivos de consumo diario, tales como arroz, yuca, plátano, ñame, batata, habichuela, ajo, papa y cebolla, hasta el punto de que llegamos al hecho insólito en los últimos tiempos, oigan bien, señoras y señores, al hecho insólito de que los pobres de este país han podido comprar un plátano a tan sólo 25 cheles la unidad.

Repito. ¡Plátano a 25 cheles!

En un esfuerzo de colaboración con los productores agrícolas, el gobierno procederá, en las próximas semanas, a un masivo programa de reparación de caminos vecinales, satisfaciendo de esa manera un justo reclamo de los hombres y las mujeres del campo que con su sudor contribuyen a hacer parir la madre naturaleza.

Hago el firme compromiso de que para el 16 de agosto de este año, al momento de culminar este período constitucional, estarán debidamente rehabilitados los principales caminos vecinales de todo el territorio de la República.

PROCESO DE CAPITALIZACIÓN

Con su venia, señores miembros de la Asamblea Nacional, permítaseme pasar revista ahora, a uno de los tópicos más sensitivos en el ámbito de la opinión pública nacional: el relativo al proceso de capitalización de la Corporación Dominicana de Electricidad (CDE), del Consejo Estatal del Azúcar (CEA) y de la Corporación Dominicana de Empresas Estatales (CORDE).

En lo que se refiere a la Corporación Dominicana de Electricidad (CDE), nos propusimos, desde el inicio de esta gestión, enfrentar de manera decidida y tesonera, el lastre histórico de los apagones y de las ineficiencias, en sentido general, de esta empresa del Estado.

Para acometer esa tarea, tan delicada y exigente, decidimos, desde un primer momento, actuar simultáneamente en un doble frente. Por un lado, el de reparar e instalar nuevas plantas, con el fin de ganar tiempo y sostener el precario servicio de electricidad por parte de la CDE, y, por otra parte, el de hacer la verdadera y radical reforma que requería el sector energético, lo cual estamos logrando mediante la capitalización.

Para que se tenga una idea clara de la realidad del sector energético de la República Dominicana, es preciso señalar que al arribar al poder en agosto de 1996, la Corporación Dominicana de Electricidad contaba efectivamente con unos 358 megavatios en su parque térmico y 175 megavatios de potencia firme aportada por las plantas hidroeléctricas, lo que indica que la capacidad efectiva de generación de energía por parte de la CDE en agosto de 1996, era tan sólo de 533 megavatios.

A esos 533 megavatios había que añadirle los 500 megavatios aportados por los generadores privados independientes, con lo cual, todo el sistema sólo disponía de una capacidad teórica de generación de 1,033 megavatios frente a una demanda de 1,150 megavatios.

Es evidente que para el año de 1996 la capacidad de generación de energía eléctrica con relación a la demanda requerida por la población, era insuficiente por lo que los apagones resultaban un mal inevitable.

Durante los tres años y seis meses de la actual gestión de gobierno, se han añadido al sistema 516 megavatios, es decir, casi la misma cantidad de que disponía la CDE en agosto de 1996, y más de lo que aportaban los generadores privados independientes, conocidos como los IPPs.

En otras palabras, este gobierno, en tan sólo tres años y medio fue capaz de crear, en términos de capacidad real de generación, lo que a la Corporación Dominicana de Electricidad le había tomado 44 años.

Con la suma de la capacidad de generación de la CDE, de los generadores privados y de las plantas adquiridas y reparadas durante la actual gestión de gobierno, se llega a una capacidad total de 1,549 megavatios, frente a una demanda actual de 1,600 megavatios.

Se podría preguntar, ¿por qué si en la actualidad la capacidad de generación de energía es prácticamente igual a la demanda de la población, se producen tantos apagones?

Se debe principalmente al hecho de que muchas de las plantas han sido sobre-utilizadas en el pasado y, por consiguiente, se encuentran en una situación de suma fragilidad, o de “pronóstico reservado”, para decirlo en el lenguaje de los médicos, lo que motiva su constante salida de servicio para fines de reparación.

Eso es lo que ha ocurrido, sobre todo con la planta de la Smith & Enron, ubicada en Puerto Plata, que tiene una capacidad de generación de 185 megavatios, y las plantas de Los Mina V y VI, de la empresa Dominican Power Partners, con una capacidad de generación de 105 megavatios cada una, o lo que es lo mismo, de 210 megavatios.

Entre las plantas de la Smith & Enron y de la Dominican Power hay una capacidad acumulada de 395 megavatios, lo que indica que cuando se produce la salida de una de esas plantas o de todas a la vez, que es lo que ha ocurrido recientemente, el país entero se ve afectado por el mal ancestral de los apagones.

Pero, como puede observarse, esos apagones no pueden ser atribuidos a la capitalización, puesto que la Smith & Enron y la Dominican Power tenían contratos de suministro de energía con CDE y el Estado dominicano no sólo desde antes de la capitalización, sino incluso desde antes de la instalación del actual gobierno.

En realidad, es con la capitalización como podremos enfrentar el problema, hasta ahora insoluble, de los apagones.

Como resultado de la capitalización las compañías eléctricas de generación de Haina e Itabo concluirán, antes de que termine la presente gestión, rehabilitaciones de plantas de un orden superior a los 135 megavatios.

Las plantas Itabo I e Itabo II, que en agosto de 1996 generaban en conjunto unos 140 megavatios y que al momento de la capitalización aportaban solamente 87, pasarán a generar 200 megavatios antes del 16 de agosto del presente año, y unos 240 megavatios antes de que finalice el año 2,000.

Previendo la demanda que pudiera producirse para el próximo verano, el gobierno autorizó la instalación de una planta-barcaza de 105 megavatios, la cual será ubicada en el área de Boca Chica y entrará en operación en el mes de abril de este año.

En adición a la instalación de esta barcaza, la empresa española Unión Fenosa, que fue la adjudicataria de la capitalización de las empresas de distribución del Sur y del Norte, procederá a instalar, antes del mes de junio de este año, una planta con capacidad de generación de 100 megavatios, la cual se extenderá a 180 megavatios al próximo 16 de agosto.

De igual manera, la empresa eléctrica Transcontinental tiene el compromiso de instalar, antes de agosto del presente año, otros 100 megavatios.

Con todo lo antes dicho puede concluirse que para el 16 de agosto del 2000, cuando hayamos cumplido nuestros cuatro años de gobierno, se habrán instalado 1,149 megavatios que no existían el 16 de agosto de 1996.

Esos 1,149 megavatios agregados por este gobierno al sistema eléctrico nacional, constituyen un incremento de más de un 100 por ciento de lo que en su totalidad había en aquella época y más del 300 por ciento de lo que disponía el parque térmico de la CDE.

Como si lo antes dicho fuera poco, asistí el jueves pasado en San Pedro de Macorís, a la ceremonia de inicio de los trabajos de instalación de la planta de ciclo combinado de 300 megavatios de la empresa COGENTRIX, la cual estará en plena operación en un período de dos años.

De igual manera, como consecuencia de la capitalización, la empresa AES-Dominican Power está dando los pasos para dejar instalada durante el próximo año, un sistema de ciclo combinado de 300 megavatios; y en estos momentos, el gobierno se apresta a conceder la autorización a un grupo de empresarios dominicanos para instalar en Azua, 500 megavatios.

Las empresas capitalizadas Haina e Itabo tienen el compromiso de instalar en los próximos cuatro años, 500 megavatios adicionales.

Todo esto equivale a decir que para los próximos cuatro años se habrán de instalar en el país, 1,600 megavatios nuevos, con lo cual se duplicará la capacidad actual de generación y, por consiguiente, se podrá contar, por vez primera en la historia nacional, con un sistema energético con una capacidad de generación por encima de la demanda nacional y con el potencial de seguir creciendo de conformidad con las demandas y exigencias de la economía nacional.

Como puede apreciarse, este gobierno ha trabajado pensando no solamente en el presente, sino en el futuro de la República Dominicana y ha tenido la responsabilidad histórica de asumir el costo político de haber producido cambios en un sistema que si bien estaba en franco descalabro, suscitaba un cúmulo de intereses que impedían su transformación.

Cuanta razón ha tenido Maquiavelo, el florentino de la época renacentista, cuando en su tratado sobre El Príncipe alertaba que todo aquel que intenta producir cambios dentro de un sistema encuentra como enemigos inevitables a todos aquellos que se beneficiaban del sistema anterior y “sólo algunos defensores pasivos entre todos aquellos que habrían de beneficiarse del nuevo orden”.

No podemos obviar que durante el período de transición de la Corporación Dominicana de Electricidad a la capitalización de las empresas de energía eléctrica, un segmento importante de la población ha exteriorizado sus justas quejas con relación al alza de la tarifa eléctrica.

Sobre ese particular es importante indicar que apelando a acuerdos y resoluciones de antes de la capitalización, las empresas distribuidoras Edenorte, Edesur y Edeleste, intentaron aplicar aumentos de la tarifa eléctrica por conceptos de “ajuste por energía acumulada”, indexación por inflación y alza del precio de los combustibles.

Este gobierno consideró que el primer ajuste era improcedente y determinó dejarlo sin efecto. En cuanto al segundo, el gobierno decidió asumirlo, con lo cual ha estado subsidiando directamente a los consumidores con un pago mensual a las distribuidoras, deducido a la CDE, de 80 millones de pesos.

En cuanto al tercero, para aliviar la carga de los consumidores, el gobierno ha asumido también el subsidio de más de la mitad de esa alza, lo que representa adicionalmente, 80 millones de pesos mensuales.

Esto último quiere decir, que con el subsidio por inflación y el del alza del petróleo, el gobierno está asumiendo un pago mensual de 160 millones de pesos, con lo cual está demostrando tener una sensibilidad hacia los pobres de la República Dominicana que le ha sido mezquinamente desconocida como resultado del espíritu de canibalismo que caracteriza la política criolla.

Ahora bien, a pesar de las medidas del gobierno a favor de los consumidores, estamos conscientes que se produjeron alzas, algunas desproporcionadas, con relación al consumo real por parte de los usuarios.

Ante esa situación, he solicitado personalmente a la Superintendencia de Electricidad que exija a las empresas indagar sobre las causas o razones de esas alzas desmedidas y apliquen los correctivos de lugar, en todos aquellos casos en que haya podido comprobarse la comisión de un error o la no justificación de un cobro en perjuicio de un cliente.

Además, he instruido a la Superintendencia de Electricidad que ejerza su papel de regulador del sistema y establezca mecanismos de canalización de las quejas y reclamos de la población con respecto no sólo a las tarifas, sino al conjunto del servicio eléctrico nacional.

Lo que resulta evidente, luego de esta exposición, es que uno de los mayores legados que este gobierno dejará a la posteridad es el de haber tenido la visión y el coraje de haber realizado los cambios requeridos por el sistema eléctrico nacional sin comprometer las finanzas públicas ni el patrimonio nacional, a los fines de que en los umbrales del siglo XXI la República Dominicana esté a la altura de una sociedad moderna, con capacidad para disponer de un sistema eléctrico eficiente, seguro y confiable, en la que la era de los apagones se convierta en una sombra del pasado.

La situación de deterioro y descalabro que afectaba a la CDE antes de la llegada de las actuales autoridades al gobierno en el 1996, se reflejaba de igual forma en los ingenios azucareros del Consejo Estatal del Azúcar y en las empresas de CORDE.

No se pretende con esta afirmación levantar nuestro índice acusador contra ningún gobierno en particular ni contra ningún partido político, pues lo acontecido en esos dos emporios del Estado venía ocurriendo desde hacía muchos años por una razón conocida: que lo que es de todos no es de nadie.

Por consiguiente, esas empresas carecían de verdaderos dolientes y esa fue la razón por la cual el clientelismo político se lanzó sobre ellas como una plaga de langostas.

Ha correspondido a este gobierno enderezar los entuertos, y lo ha hecho con gran sacrificio, tanto financiero como político, pero a sabiendas que era la única solución justa y válida para garantizar un mejor futuro a los dominicanos.

La capacidad de producción de azúcar del CEA venía disminuyendo en forma paulatina desde hacía varios lustros, y al llegar el año de 1999, luego de la destrucción provocada por el huracán Georges, llegó a su nivel más bajo, por lo que la institución del CEA como tal se encontraba en etapa agónica, casi lista para recibir cristiana sepultura.

Sin embargo, el proceso de arrendamiento de los ingenios del CEA a empresas privadas ha permitido sacar al paciente de la situación de cuidados intensivos en que se encontraba, y en la actualidad, con la participación del Consorcio Azucarero del Caribe, que arrendó los ingenios de Haina, Ozama, Boca Chica, Consuelo y Quisqueya; la Central Azucarera del Este, que arrendó los ingenios Porvenir y Santa Fe; el Consorcio Azucarero Central, que contrató el arrendamiento del ingenio Barahona; y la Sociedad Arrendataria Consorcio Agroindustrial Caña Brava, que contrató el arrendamiento de los ingenios Montellano y Amistad, la industria azucarera se encuentra en la etapa inicial de un proceso de revitalización.

Bajo la dirección de la Comisión de Reforma de la Empresa Pública (CREP), el proceso de arrendamiento de los ingenios del Estado se ha hecho tomando en cuenta la situación social de los bateyes, la de los ocupantes precarios de terrenos del CEA y la de los trabajadores.

Con relación a estos últimos, podemos decir con gran orgullo, que nunca antes en la historia de la República Dominicana gobierno alguno o empresa privada había invertido la cantidad de recursos que ha destinado este gobierno del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), al pago de prestaciones laborales y reclamos de los trabajadores como consecuencia del arrendamiento de los referidos ingenios azucareros.

Durante los últimos tres meses del año que acaba de transcurrir, el gobierno erogó la suma de 1,200 millones de pesos para cubrir el pago de prestaciones y nóminas atrasadas correspondientes a 29,336 empleados del CEA.

Estamos confiados de que lo peor del CEA ya pasó y que de ahora en adelante podremos ir contando con una industria azucarera que desarrolle el mismo nivel de competencia y de capacidad productiva de los ingenios privados del Central Romana y de la Casa Vicini.

En lo que respecta a la Corporación Dominicana de Empresas Estatales (CORDE), ya hay algunas empresas a las que podríamos aplicarles la sentencia de Jesús a Lázaro, cuando le dijo: “Levántate y anda”.

Efectivamente, las empresas Molinos Dominicanos y Molinos del Norte, capitalizadas durante los meses finales del año 1998 y principios del 1999, han demostrado su eficiencia en forma tal que ya ha desaparecido de los hogares dominicanos el temor de que no haya pan sobre la mesa.

El área tabacalera de CORDE, compuesta por la Compañía Anónima Tabacalera, la Compañía Tabacalera Santiaguense y La Habanera, ha sido capitalizada por la firma Consorcio Cita-Caribe, con una oferta de 25 millones de dólares.

En estos momentos, tanto la CREP como CORDE trabajan intensamente en el arrendamiento de la Marmolería Nacional y de las Minas de Sal y Yeso, así como de Pinturas Dominicanas, la Industria Nacional del Vidrio y Dominicana de Aviación.

Se seleccionó la modalidad de venta de activos para la reforma de las siguientes empresas: Fábrica de Clavos Enriquillo, Tecnometal, Sacos y Tejidos Dominicanos, Fábrica de Aceites Vegetales Ámbar, Tenerías Fa-2, y Dominicana Industrial del Calzado (DOINCA).

Para las demás empresas se han contratado firmas de consultores para los trabajos de auditoría patrimonial y tasación de valor de mercado para luego llamar a una licitación pública nacional e internacional.

Al igual que en el caso del CEA y de CDE, el gobierno ha tenido que hacer un cuantioso esfuerzo financiero para solucionar la situación del pago de las prestaciones laborales de los trabajadores.

MODERNIZACION

Ilustres miembros de la Asamblea Nacional:

Hace poco, al llegar en escala técnica a Nueva York, un destacado miembro de la prensa de esa ciudad me formulaba la siguiente pregunta: ¿Cómo desea usted que se le recuerde en la historia nacional por su gestión de gobierno?

Mi respuesta fue la siguiente: “Como el presidente que quiso hacer de la República Dominicana un Nueva York chiquito”.

Por supuesto, al darle esa respuesta no quería más que transmitirle la impresión de que todo el esfuerzo que hemos realizado en este gobierno no ha sido más que con el propósito de contribuir a la modernización del país.

Quienes han intentado tergiversar mis palabras con propósitos aviesos y demagógicos no pueden entender el verdadero alcance de la modernización de un país, que en todo caso empieza por ser lo opuesto a la arrabalización y a la marginalidad.

Teniendo como norte el contribuir a la reforma y a la modernización de nuestro país, este gobierno se dedicó, desde un primer momento, con ahínco y tesón, a emprender un verdadero esfuerzo transformador que hiciera que cada hombre y mujer de esta tierra vibrara de emoción ante el progreso de su patria.

Se ha modificado de manera sustancial el entorno urbano de la ciudad de Santo Domingo, con la construcción de modernos túneles, elevados, puentes, bulevares y ampliación de avenidas y se trabaja con igual criterio en Santiago y otras ciudades del país.

Nuestra reciente visita al exterior por las ciudades de Tokio, Singapur y Bangkok, así como anteriores viajes por Paris, Madrid, Roma y diversas ciudades de los Estados Unidos, nos reafirman en el convencimiento de que ese conjunto de obras que hemos emprendido, no sólo es el más práctico y menos traumático para solucionar los problemas de congestión del tránsito en una sociedad moderna, sino la que mejor corresponde al concepto actual de desarrollo urbano.

Por otra parte, la generación de políticos que me ha tocado el honor de encabezar durante esta gestión gubernativa, no podía permanecer indiferente ante la situación calamitosa de muchos de nuestros centros de salud.

Por esa razón, este gobierno ha considerado como una tarea prioritaria la remodelación de los principales hospitales del país, como lo ha hecho en los casos de la Maternidad Nuestra Señora de la Altagracia, del Hospital Padre Billini, del Regional Este, Dr. Antonio Musa, de San Pedro de Macorís, del Jaime Mota de Barahona, para sólo citar algunos, y es por ese motivo que no terminará su mandato constitucional sin concluir la labor de remodelación de los demás hospitales actualmente en proceso de remozamiento.

En 1995 había 941 establecimientos públicos de salud. En apenas tres años de gobierno hemos logrado incrementar el número de estos establecimientos en casi 200 nuevos hospitales, subcentros, clínicas rurales, dispensarios médicos, policlínicas y consultorios, lo que representa un crecimiento de un 21 por ciento en 42 meses de gobierno.

Actualmente se avanza en forma acelerada en la construcción del hospital de la zona de Herrera, en la capital, del hospital provincial de Bahoruco y de tres hospitales locales en los barrios de Cienfuegos, Bella Vista y Libertad de la ciudad de Santiago.

Durante este mandato se ha llevado a cabo el proceso de descentralización de los servicios de salud pública y se ha procedido a la creación de los Consejos Provinciales de Salud, los cuales están teniendo un extraordinario impacto en la atención primaria en la zona rural y en los barrios marginados.

Se le ha aumentado el salario al personal médico, paramédico y de enfermería en tres distintas oportunidades, para un incremento por encima del 100 por ciento de lo que se devengaba en el 1996.

Para que se pueda apreciar la mejoría alcanzada por la Secretaría de Salud Pública en la atención a las dolencias de los ciudadanos de más bajos ingresos, cabe destacar que en el transcurso del año que acaba de finalizar, ésta ofreció 8 millones de consultas; realizó 4 millones de exámenes de laboratorio y despachó también 4 millones de recetas médicas gratuitas.

Pero veamos el caso de la educación. En este ámbito se han construido, ampliado y reparado más de 1,000 escuelas en todo el territorio nacional, con lo cual se ha logrado una cobertura sin precedentes de un 97 por ciento en el nivel básico.

Durante este período de gobierno, los maestros han vivido su momento estelar. Los salarios han sido aumentados. Se han organizado programas de educación continuada. Se han ampliado y fortalecido los programas de bienestar magisterial. Se les ha dignificado con la entrega de viviendas y se les ha reconocido por sus méritos en favor de la enseñanza.

A los estudiantes se les han entregado gratuitamente más de 10 millones de libros de texto. Se les ha premiado con viajes al exterior, entrega de computadoras, enciclopedias y becas. Se les ha reconocido por sus méritos estudiantiles, y en su provecho este gobierno, por primera vez en la historia, organiza dos juegos nacionales en un período constitucional.

Para hacer que nuestros jóvenes disfruten de las mismas oportunidades que los de países más avanzados que el nuestro, me permito anunciar que la Administración del Banco de Reservas ha accedido a una petición que personalmente le he formulado, de crear un sistema de ahorro estudiantil que incluye la expedición de una tarjeta de crédito en favor de todos los estudiantes universitarios que así lo soliciten.

Se imaginan ustedes: empezamos el siglo XXI con tarjetas de crédito para los estudiantes.

Esta es una medida de carácter eminentemente educativo, con la cual aspiramos a familiarizar a nuestros jóvenes con el mundo moderno, mejorar su capacidad para organizarse y manejar de manera responsable sus finanzas personales en esta era del dinero plástico.

Con la celebración en abril de la próxima Feria del Libro, se habrán efectuado cuatro ferias nacionales, tres de ellas internacionales y cuatro regionales. De igual manera, la Secretaría de Estado de Educación y Cultura ha diseñado un Sistema Nacional de Bibliotecas Escolares, en el que ya han sido inauguradas y puestas en servicio 101 bibliotecas en distintos puntos del territorio nacional, y en idéntica dirección han estado trabajando la Biblioteca Nacional, con la puesta en servicio de bibliotecas barriales y el Consejo Presidencial de Cultura, el cual tiene bajo su dirección el sistema de bibliotecas móviles o Bibliobuses.

Se ha fomentado un nuevo clima de estudio en la escuela, más competitivo y entusiasta, por medio de las olimpíadas de lectura y de matemáticas.

Cuánta satisfacción personal me ha causado el haber podido constatar que en la escuela dominicana se ha vuelto a leer, y que jóvenes provenientes de los lugares más remotos del país se encuentran familiarizados con las obras de Shakespeare, de Víctor Hugo, de Calderón de la Barca, de Pablo Neruda, de Tulio Manuel Cestero y de Galván.

El mismo Palacio Nacional fue recientemente el escenario de la Primera Feria Nacional Escolar de Ciencia y Tecnología, y había que estar allí para poder apreciar la imaginación creativa, la capacidad de invención y el talento extraordinario que tienen nuestros jóvenes para descifrar los secretos de la ciencia y exponerlos en forma de aplicaciones prácticas.

Aunque sean dos componentes vitales para la organización de la vida en sociedad, la modernización, para nosotros, trasciende a la salud y a la educación.

La modernización había que instituirla como estilo de vida, y es por eso que iniciamos el proceso de computarización de todas las oficinas públicas, la elevación de la capacidad gerencial y de servicio de su personal y la actualización de los procedimientos administrativos con que esas instituciones responden a las solicitudes de la ciudadanía.

Hemos modificado de manera absoluta y radical la forma en que se puede adquirir una placa para vehículo de motor, una licencia para conducir, o un pasaporte. Hemos revolucionado el sistema de pago de los impuestos y de peaje.

Y no es tan sólo que se haya facilitado o simplificado el procedimiento, sino que se ha eliminado el empujón, la vocinglería y el mal trato que generalmente acompañaba el trámite de cualesquiera de estas operaciones.

Más que gobernar, nuestra tarea ha consistido en una labor de civilización. Ha consistido en introducir nuevas normas de conducta y de respeto, a partir de la utilización de técnicas modernas en las distintas esferas de la vida social con la finalidad de elevar la calidad de vida de los dominicanos.

No puede haber Estado ni sociedad moderna donde no impere el orden, la ley y la justicia. Por tales razones, este gobierno prestó, desde un primer momento, toda la atención necesaria a la ineludible tarea de la reforma del Poder Judicial.

¡Cuán grande ha sido el cambio experimentado por la justicia en tan sólo tres años! Ya no se habla del Poder Judicial como si fuese un mercado persa en el que las sentencias se compraban y se vendían como si se tratase de una mercancía más. Ya han desaparecido los escándalos relacionados con la justicia en la primera plana de los diarios, ni se hace referencia a desacatos de sus decisiones.

Es preciso reconocer la labor de los magistrados integrantes de la Suprema Corte de Justicia que han sabido reformar y modernizar el servicio judicial de la República Dominicana, introduciendo, por vez primera, innovaciones tecnológicas en los tribunales, creando la Escuela Nacional de la Judicatura y remozando la infraestructura física de muchos tribunales.

En idéntica dirección, ha estado laborando el Gobierno Central con la construcción del nuevo edificio que albergará a la Suprema Corte de Justicia y a la Procuraduría General de la República, e igualmente, a través de las Oficinas Coordinadora y Supervisora de Obras del Estado, construye el Palacio de Justicia de Puerto Plata y remodela varios otros en distintos lugares del país.

Sin embargo, todo este esfuerzo de modernización emprendido en el ámbito de la justicia habría sido insuficiente si no se tomaba en consideración la necesidad de cambiar los viejos códigos napoleónicos por nuevos instrumentos legales que pusieran a nuestro país a la altura de otras naciones que han ido adaptando sus legislaciones a la evolución de la sociedad moderna.

El gobierno central, a través del Comisionado de Apoyo a la Reforma Judicial ha querido hacer una modesta contribución a la ingente tarea que lleva a cabo el tribunal supremo, y a tales fines, me complace señalar que estamos depositando en estas Cámaras los proyectos de reforma del Código Civil, del Código de Procedimiento Civil, del Código Penal y del Código de Procedimiento Penal, que fueron elaborados por distinguidos juristas a solicitud de la referida entidad gubernamental.

LA CORRUPCIÓN

Ha sido una preocupación constante de las actuales autoridades el tema relativo a la corrupción.

Nos hemos esforzado en todo instante en crear mecanismos idóneos e institucionalizados que permitan combatir con eficacia ese “mal de raíces hondas”.

Una de nuestras primeras medidas fue la de conferirle al Procurador General de la República un rol especial en la lucha contra la corrupción, y hemos llevado a cabo una notable labor de prevención y de difusión de valores en contra de este mal.

Sometimos ante las Cámaras Legislativas un anteproyecto de ley sobre sistema de contratación de obras del Estado, sobre la base de establecer una proporcionalidad entre las obras susceptibles de ser contratadas mediante el sistema de licitación y las de grado a grado.

Para garantizar mayor transparencia en todas las transacciones y operaciones financieras efectuadas desde el Estado, estamos sometiendo también ante esta instancia legislativa un anteproyecto de ley sobre el sistema de contratación de compras y adquisiciones de bienes por parte de las instituciones gubernamentales.

Confiamos en que dada la alta trascendencia de estos mecanismos de tipo legal para dotar de seguridad y garantía el manejo del patrimonio público por parte de funcionarios y empleados de la Administración del Estado, y el interés de este Congreso en los temas relacionados con la corrupción, le prestará su más amplia colaboración a los fines de que con la aprobación de estos proyectos de leyes el país pueda avanzar hacia un proceso de consolidación institucional.

En estos tres años de gobierno, hemos logrado desmantelar la estructura de poder que en el pasado hacía posible la comisión de actos dolosos en perjuicio del Estado y de la sociedad dominicanos.

Sin embargo, como resultado de la controversia política, en algunas ocasiones se nos ha enrostrado que durante la campaña electoral de 1996 habíamos afirmado que la corrupción, en todas sus manifestaciones, alcanzaba a cerca de 30,000 millones de pesos al año.

La corrupción, como sistema organizado de poder, abarcaba la justicia, las aduanas, el impuesto sobre la renta, la sobrevaloración de los contratos con el Estado, y otras múltiples formas de realización.

Sin pretender establecerlo como la prueba final de la eficacia de la lucha contra la corrupción, cabe indicar que, como evidencia de una mejor gestión, la diferencia, justamente, entre los ingresos del año 1996 y los estimados para este año 2.000, son casi los 30,000 millones a que hacía referencia durante mi campaña electoral.

No quisiera señalar que sólo por el mecanismo de recaudación de ingresos este gobierno ha superado la situación de corrupción que imperaba en el pasado, pero sí es evidente que constituye un alegato en su favor.

De todas maneras, uno de los aportes más importantes que en términos de futuro hará esta gestión para combatir la corrupción, ha sido la capitalización de CDE, del CEA y de CORDE.

Ya nunca más los políticos podrán meter sus manos en las arcas de esas instituciones que habían sido concebidas como propiedad del pueblo.

Con la capitalización se le ha dado el toque de degüello al clientelismo, al parasitismo y al populismo corruptor que además de utilizar recursos para fines propios, intentaba construir base y apoyo social para la política valiéndose del patrimonio nacional.

Con una adecuada política de prevención, con el fortalecimiento de la justicia, con una opinión pública activa y vigilante, con una sostenida difusión de valores morales y menores oportunidades para el manejo de fondos públicos, la República Dominicana avanzará con firmeza en la eliminación de un mal histórico que ha defraudado la confianza pública y ha retardado nuestro desarrollo.

LA AGENDA PENDIENTE

Sé que quedan muchas tareas pendientes, tales como la agenda legislativa que incluye la reforma arancelaria, la aprobación del Código Monetario y Financiero, la Ley de Electricidad, la Ley de Mercado de Capitales, la Ley de Seguridad Social, el Código Forestal, una amnistía fiscal parcial, una Ley de Hidrocarburos, la Ley de Contabilidad gubernamental, una Ley General de Aduanas y una Ley de Reforma del Sector Agropecuario, así como el Código de Ordenamiento de Mercado, el cual establecerá, entre otras, las normas sobre competencia, propiedad intelectual y protección al consumidor.

Con la aprobación de estas disposiciones legales, la República Dominicana completaría el conjunto de reformas que se iniciaron en el año de 1990 y que fueron la base para el crecimiento económico experimentado durante esa década.

Perder la perspectiva de la importancia de esas reformas sería poner en peligro la continuidad de la ola de progreso y de prosperidad que hemos vivido en los últimos años.

Durante varios meses, en el transcurso del año pasado, tuve a bien convocar al Palacio Nacional a las principales fuerzas políticas del país con la finalidad de arribar a un acuerdo, que en aquel momento denominé como “Pacto Histórico”, para en conjunto aprobar una serie de medidas que se constituyeran como una especie de línea de defensa ante las amenazas provenientes del exterior y como salvaguarda de nuestras propias vulnerabilidades internas.

Declaro que fracasé en ese intento, pues no pude persuadir a las fuerzas políticas convocadas a que viesen más allá de sus intereses inmediatos y colocasen por delante los supremos intereses de la Nación.

No renuncio, sin embargo, a la idea de que en un futuro, cuando estemos liberados de las actuales rivalidades y tensiones, esas fuerzas políticas, conjuntamente con la sociedad civil, por medio de un diálogo nacional, produzcan el nuevo pacto social que reclama la República Dominicana para garantizar la gobernabilidad democrática y participativa, que será su signo de distinción en el siglo XXI.

Señoras y señores:

Nos encontramos inmersos en un nuevo torneo electoral y el 16 de mayo o el 30 de junio de este año, el pueblo dominicano volverá a expresar su veredicto en las urnas respecto de quién desea se erija en el conductor de su destino durante los próximos cuatro años.

Como en toda democracia auténtica y real, las elecciones, en lugar de constituir un escenario de destrucción de las fuerzas participantes, deben constituir una fiesta de la razón y del buen juicio, que permita a cada ciudadano elegir conforme a su conciencia, cuál es el partido que encarna sus aspiraciones de una mejor sociedad.

En mi calidad de Presidente de la República reitero mi ofrecimiento de colaborar en todo cuanto de mí se requiera para garantizar un certamen justo y transparente, y confiamos en que la Junta Central Electoral sabrá estar a la altura de la responsabilidad que se ha colocado sobre sus hombros para que la democracia siga floreciendo e iluminando el porvenir del pueblo dominicano.

EL DESAFIO DE LA GLOBALIZACIÓN Y LA POBREZA

Señores Miembros de la Asamblea Nacional:

Quien os dirige la palabra está firmemente convencido de que a pesar de todos sus avatares y de los múltiples zigzagueos, el siglo XX fue un siglo de progreso para la República Dominicana y que los años de esta administración han significado un período de avance en todos los órdenes para nuestro país.

Eso no significa, sin embargo, que no se presenten nubarrones en el horizonte de la vida nacional.

Empezando el siglo XXI, la República Dominicana se enfrenta al doble reto de la globalización y de la pobreza.

En forma equivocada, determinados sectores de la vida nacional han expresado que la globalización es como la última plaga que ha afectado al género humano y en tal virtud, la República Dominicana debe evitar por todos los medios a su alcance, ser contaminada por ese azote de alcance universal.

Creemos sinceramente que tal criterio constituye un error. Lo peor que le puede ocurrir a la República Dominicana, como a cualquier nación del mundo, es la de pretender levantar, en pleno siglo XXI, un nuevo muro de lamentaciones al que se acudiría a llorar por la incapacidad de convertir un desafío en una nueva oportunidad para el progreso y el desarrollo.

En otras ocasiones he sostenido, y aquí hoy vuelvo a reafirmarlo, que la globalización es una mezcla de luces y de sombras; y que para nosotros los dominicanos, de lo que se trata es de acercarnos a la luz y alejarnos de la sombra.

La situación de interdependencia, que como resultado de la globalización caracteriza las relaciones actuales entre las naciones del planeta, ha determinado que la República Dominicana haya podido aprovecharse de la más prolongada expansión de la economía norteamericana, que ya ha cumplido casi nueve años, pero así también verse amenazada por el alza de los precios del petróleo en los mercados internacionales, que ya se ha colocado por encima de 30 dólares el barril.

La globalización actual está precedida por la más profunda revolución científico-tecnológica que ha conocido en toda su historia el género humano, la cual ha permitido crear un mundo sin fronteras, que ha hecho variar los tradicionales conceptos de tiempo y espacio.

Como consecuencia de la globalización, en la actualidad hay un proceso de internacionalización de la producción, de la distribución y de la comercialización de productos, así como una mundialización de las comunicaciones y de las finanzas.

En este mundo moderno, ya un producto no se elabora en un solo lugar. Las distintas partes que lo componen se procesan en distintos lugares del mundo y su ensamblaje final se produce en otro rincón del planeta.

Nuestra gente de zona franca conoce esto muy bien. Las camisas de J. C. Penney que se fabrican en Moca, con algodón importado de China y botones de Malasia, terminan vendiéndose en los shopping Centers de Miami y Chicago.

Los pantalones Levis, cortados en Atlanta, fabricados en Santiago, exportados a Nueva York, se venden en París o en Moscú.

El fenómeno de la globalización ha llegado a un grado tal que debo confesar con toda franqueza aquí hoy, que una de las emociones que con mayor intensidad he experimentado en los últimos tiempos, fue cuando caminando por una de las calles de Tokio pude contemplar un afiche de nuestro gran toletero Sammy Sosa promocionando una de las principales cadenas de tiendas de Japón.

Pero igual sensación experimenté cuando en el viaje de Tailandia a Japón, leyendo la revista de la línea aérea Japan Airlines, pude ver en su segunda página la fotografía de nuestro gran Oscar de la Renta promoviendo uno de los productos que se comercializan bajo su nombre.

En Europa, en pleno París, los empresarios santiaguenses Poppy Bermúdez y Hendrik Kelner todavía no han salido del asombro que les produjo encontrarse con un ciudadano de aquel país que, al momento de ellos entrar a una tienda, ojeaba una revista norteamericana que tenía en su portada la figura de Kelner con un tabaco dominicano.

La globalización le ofrece a la República Dominicana nuevas oportunidades. Una de ellas es la de producir un cambio de paradigma en el sistema productivo nacional mediante la introducción de nuevas tecnologías para aumentar los niveles de producción, de productividad y de competitividad.

Eso es lo que este gobierno ha estado intentando hacer, sobre todo, en sus contactos con el exterior.

Al promover el Parque de Zona Franca de Alta Tecnología, conocido como el Parque Cibernético, lo que ha procurado es adelantarse a los acontecimientos de un mundo en permanente cambio y crear en el país un nuevo modelo de producción, al pasar de un esquema de trabajo intensivo, fundamentado en salarios limitados y baja tecnología, a uno de capital intensivo, o de economía fundamentada en el conocimiento, que ha de producir mejores salarios, más alta tecnología y, por consiguiente, mejores niveles de vida.

Pero, en sus contactos con el exterior, el gobierno ha estado procurando también incentivar nuevas posibilidades de inversión y de apertura de mercados para la exportación de nuestros productos.

Hemos hecho esfuerzos en tratar de atraer la inversión hacia nuestro país de capitales provenientes de los Estados Unidos, de Francia, Italia, Inglaterra, Alemania, España, Japón, Taiwán, Corea, México, Venezuela y Chile, entre otros países.

Hemos firmado un Acuerdo de Libre Comercio con las hermanas repúblicas de Centroamérica, pendiente de aprobación ante este honorable Congreso, y nos encontramos en la fase final de una intensa negociación a los mismos propósitos, con los países integrantes de la comunidad del Caribe, CARICOM.

Mantenemos, como país, una presencia activa en todas las discusiones sobre la integración comercial hemisférica, y actualmente ostentamos la presidencia de los países de África, el Caribe y el Pacífico que negocian con la Unión Europea un acuerdo post Lomé IV que permita la continuidad del acceso de nuestros productos al mercado europeo en condiciones preferenciales.

En el intento de mantener una presencia internacional, recientemente el Canciller de la República, doctor Eduardo Latorre, al frente de una delegación técnica, realizó la primera visita oficial por parte de nuestra diplomacia a los países de la península arábica, así como a Jordania, el Líbano y Palestina, todos con una notable y activa presencia en la República Dominicana, y próximamente visitará a Rusia, con lo cual, por vez primera en toda nuestra historia, hemos procedido a establecer una relación de estado con los principales centros de decisión del mundo.

Por supuesto, nuestro país no estará en condiciones de obtener el mayor provecho de esas relaciones internacionales, que hoy día constituyen una fuente fundamental para el desarrollo, si no prestamos una atención especial a la formación de nuestros recursos humanos.

Es en la educación donde está la base para que la República Dominicana pueda, en el siglo XXI, salir de la pobreza.

Es imprescindible que nuestros jóvenes sean debidamente formados en todo lo que se relacione con ciencia y tecnología, de manera especial en el dominio de las ciencias de la información, como parte de un plan nacional de desarrollo fundamentado en el conocimiento intensivo.

Singapur, un pequeño país enclavado en el sudeste asiático, más pequeño en territorio que la provincia Espaillat, exporta cada año cerca de 15 veces más que la República Dominicana y tiene un ingreso per cápita anual que multiplica casi por diez el nuestro, lo logra sobre la base de un criterio nacional de que la educación es tan importante que ahora tienen como meta hacerse llamar la “isla inteligente”.

Así es, señores. Y esa debe ser la meta de la República Dominicana para el siglo XXI. Convertirse en la República Inteligente del Caribe.

No escapa a mi atención el hecho de que algunos dirán que estoy soñando. Que no soy más que un iluso. Que en medio de una tanda de apagones, de precariedades y de falta de oportunidades para muchos de nuestros conciudadanos, no estoy percibiendo con claridad los problemas esenciales del país.

Creo, sin embargo, que el líder moderno es aquel que tiene la cabeza sobre las nubes y los pies sobre la tierra. Es aquel que tiene la visión, la pasión y la voluntad de convertir lo imposible en realidades.

Como ha dicho David Ben Gurion, ese paladín de las luchas del pueblo de Israel, el hombre para ser verdaderamente realista, tiene que creer en los milagros.

Y ese, señoras y señores, es mi credo. Tal, mi filosofía. Con ella aspiro a contagiarlos, para que entre todos construyamos una nueva y mejor República Dominicana.

Hoy, al cumplirse el 156 aniversario de la fundación de la República, os invito a que volvamos el rostro hacia Duarte, el inmarcesible, a aquel cuya idea de fundar esta nación en base a la prédica y a la enseñanza ha hecho posible nuestra existencia sobre este pequeño pero fecundo pedazo de tierra, para que inspirados en su ejemplo, tomados de la mano, hagamos realidad su sueño de una República Dominicana libre, soberana, independiente, altiva, fuerte, próspera y unida, que ocupe un lugar de honor en el corazón de los pueblos del mundo.

Muchas gracias