Discurso de proclamación de la candidatura a la Presidencia de la República por el Partido de la Liberación Dominicana



* Compañero Profesor Juan Bosch, expresidente y líder del Partido de la Liberación Dominicana;

* Compañeros miembros del Comité Político y del Comité Central;

* Distinguidos Representantes del Cuerpo Diplomático;

* Distinguidos Invitados Especiales;

* Compañeras, Compañeros, Amigos y Simpatizantes del Partido de la Liberación Dominicano;

* Pueblo Dominicano:

Hace cerca de veinticinco años, cuando era todavía un adolescente, empecé a manifestar mis primeras inquietudes por la actividad política. Nunca se me ocurrió imaginar, entonces, si siquiera remotamente, que llegaría el día en que estaría frente al Pueblo Dominicano participando en un acto en el que sería proclamado candidato a la Presidencia de la República.

Mucho menos podía albergar en mi imaginación que estaría relevante en sus funciones de candidato presidencial al hombre cuyo pensamiento empezaba también entonces a descubrir y que habría de terminar siendo no sólo mi guía y conductor en el campo de la política, sino mi Maestro en todo el sentido humanístico del término: el profesor Juan Bosch.

Luego de cerca de sesenta años de lucha permanente e infatigable a favor de la democracia y de los más notables sentimientos patrióticos del pueblo dominicano, el hombre que sintió haber renacido cuando fue impactado por el pensamiento de Eugenio María de Hostos, el símbolo por antonomasia de la honradez ciudadana, el profesor Juan Bosch, decidió que había que pasar la antorcha que ilumina las esperanzas de nuestro pueblo a uno de los discípulos.

Para esos fines, nuestro Partido de la Liberación Dominicana organizó elecciones primarias internas para escoger su candidatura a la Presidencia de la República.

La forma genuinamente democrática en que se llevó a cabo el proceso, en el que los tres precandidatos disponían de igualdad de condiciones para exponer sus puntos de vista y escuchar las sugerencias y observaciones de las bases de nuestro Partido, sin que el poder corruptor del dinero pudiera hacer asomo o predominara entre los contendientes un espíritu de discordia o de diatribas, ponen de relieve el hecho irrefutable de que el Partido de la Liberación Dominicana es la única institución política en nuestro país con la disciplina, la organización, la mística y el sentimiento patriótico para conducir a la sociedad dominicana hacia una etapa de cambio total, que signifiquen la eliminación de la corrupción, el desorden administrativo y la miseria que se extiende por todo el territorio de la República.

De ese proceso comicial interno ha sido motivo de gran honor y distinción para mí el que en forma espontánea y libre las bases del Partido hayan depositado su confianza en quien les dirige la palabra para que trabajando incansablemente y en forma única contribuya a conducir a nuestro próximo torneo electoral nacional.

El que haya sido escogido candidato a la Presidencia de la República por el Partido de la Liberación Dominicana no me otorga superioridad alguna con respecto a ningún compañero.

No me considero ser el peledeísta de mayores méritos, ni el más capaz, ni el más militante, ni el más patriota. Si he sido finalmente el seleccionado para encabezar esta próxima cruzada electoral es simple y llanamente porque se ha generalizado la percepción de que conmigo el PLD va definitivamente hacia el poder.

Y si es así, yo debo hacer todo lo que esté humanamente a mi alcance para que el 16 de agosto de 1996 el maestro esté al lado de uno de su discípulos comprobando con sus propios ojos que sus luchas y desvelos no fueron inútiles, y de que finalmente, su sueño de construir el hogar de la democracia y el reino de la prosperidad, empezará a ser una realidad en la República Dominicana.

En estos momentos afecta a la nación una aguda crisis energética que se refleja en los interminables e irritantes apagones que tiene que padecer la población de manera constante.

Pero a decir verdad, la crisis de la Corporación Dominicana de Electricidad, la crisis de los apagones, no es más que una señal de la grave crisis del alma nacional dominicana.

A consecuencia de esa crisis, las energías de nuestro pueblo también parecen haber sufrido un apagón, pues un profundo desaliento, una enorme apatía y una falta de fe en el porvenir se presentan como los signos distintivos de la sociedad dominicana de nuestros días.

Los miles de hombres y de mujeres, estudiantes, campesinos, profesionales u obreros, que han desafiado el peligro de los mares y se han ido en frágiles embarcaciones hacia otros destinos, no es más que una demostración fehaciente de la falta de confianza que tenemos en nuestra condición de dominicanos.

La situación descrita es de tal magnitud que incluso algunas de nuestras mujeres provenientes de las capas medias de la población y hasta de los estratos más altos han recurrido a la práctica de ir a alumbrar a Puerto Rico o a los Estados Unidos con tal de tener un niño de origen norteamericano que sirva de cinturón de seguridad a la familia cuando, como parecen presentirlo, la sociedad dominicana termine por desplomarse.

Aunque nadie en términos personales puede ser objeto de críticas por recurrir a esa práctica, lo que significa para el país es una catástrofe.

El hecho de que se adopte como práctica social el que los niños dominicanos tengan que nacer en un territorio distinto al suyo, es algo que ofende la memoria de los Padres Fundadores de nuestra dominicanidad.

Lo primero que hará un gobierno del Partido de la Liberación Dominicana es rescatar la fe y la confianza en nuestra condición de dominicanos.

Un país que haya sido capaz de ofrecer a la humanidad una figura de las dimensiones históricas de Máximo Gómez; que entre sus hijos se encuentren los inmortales del deporte como Juan Marichal o Felipe Rojas Alou; que de su seno haya brotado, en el campo de la música, un Juan Luis Guerra o un Michael Camilo; que tengamos una celebridad mundial como Oscar de la Renta; que haya sido la cuna de un poeta como Pedro Mir; y que sea la Patria de Juan Bosch, es un país destinado por designio divino, a disfrutar de un gran porvenir.

Para que volvamos a tener confianza y fe en nuestra condición de dominicanos, el gobierno del Partido de la Liberación Dominicana empezará por rescatar la credibilidad en el funcionamiento de nuestras instituciones democráticas.

El presidente de la República, aprovechando la autoridad y el prestigio que confiere el cargo, se involucrará de manera personal y directa en la solución de los principales problemas que afectan al país, para que de esa manera se entienda que se ha establecido un gobierno sensible a las grandes penurias nacionales, y dispuesto a colocar su oído en el corazón del pueblo para escuchar sus latidos y palpitaciones.

Con el gobierno del PLD terminará la era de la corrupción. No habrá delito alguno contra el Estado y el pueblo dominicano que permanezca impune. Seremos severos e inflexibles con la aplicación de la ley. Pero, en todo caso, siempre seremos justos.

Para que haya transparencia en la ejecución de todos los actos de gobiernos, el Poder Ejecutivo someterá ante las Cámaras Legislativas un proyecto de ley que hemos denominado Ley de Presunción de Enriquecimiento Ilícito, y que obligaría a cada funcionario de la administración pública a justificar su nivel de vida en relación con sus ingresos y su patrimonio.

En caso de que no haya correspondencia entre nivel de vida e ingresos y patrimonio del funcionario en cuestión, habrá una inversión de lo que los juristas califican como el fardo de la prueba. En lugar de presumirse la inocencia se presumirá la culpabilidad, y corresponderá al funcionario presentar la prueba de lo contrario.

De igual manera, e dará paso a la formación de la Fiscalía Nacional de Supervisión de la Administración Pública, que será un órgano especializado del Ministerio Público.

Se implantará el servicio público de carrera en todas las ramas de la administración, lo que permitirá garantizar estabilidad, una justa remuneración, educación y capacitación permanentes a todos los empleados y funcionarios del Estado.

Aspiramos a transformar el Estado dominicano para que deje de ser un centro de repartición del botín y se convierta en un instrumento al servicio del desarrollo nacional.

En esas condiciones advertimos que el gobierno del Partido de la Liberación Dominicana no será exclusivamente del PLD. Será el gobierno del pueblo dominicano, y por tanto, podrán desempeñar funciones en el mismo cualquier

dominicano o dominicana, sin importar que sea reformista, perredeísta, del PRI, o de cualquiera entidad política.

Sólo tres requisitos serán exigidos para estar en aptitud de desempeñar un cargo en la administración pública: honestidad, capacidad y vocación de servicio en favor del pueblo dominicano.

Haremos todos los esfuerzos necesarios para garantizar un verdadero Estado de Derecho en nuestro país, en el que predomine el principio de legalidad y haya un autentica seguridad jurídica para todos los ciudadanos.

Se consagrará la autonomía presupuestaria del Poder Judicial. Se estimulará la creación de la carrera judicial; y se hará un reajuste de salario para jueces y miembros del Ministerio Público.

Se mejorará las condiciones de los establecimientos penitenciarios y se introducirán modificaciones legislativas para agilizar las acciones y procedimiento judiciales.

En lo que respecta a la reforma del Estado, es imprescindible indicar que en el gobierno del Partido de la Liberación Dominicana los ayuntamientos municipales gozarán de autonomía económica a los fines de ser agentes del desarrollo comunitario.

Al conceder autonomía a los ayuntamientos, el PLD estará introduciendo, por vez primera en nuestra historia, los principios de la descentralización del poder, y por consiguiente, a una mayor democratización del poder público.

Al tiempo de aplicar medidas que permitan rescatar la credibilidad en las instituciones del gobierno y la confianza en nuestra condición de dominicanos, procederemos a reactivar la economía nacional, poniendo especial énfasis en la inversión orientada hacia los sectores productivos, de tal manera que se estimule la generación de empleos, el aumento del ahorro interno, la estabilidad del peso dominicano, el desarrollo de los recursos humanos y la equidad en la distribución de la riqueza.

En la actualidad, el 51por ciento de la población dominicana está desempleada o ejerciendo trabajos informales. Eso significa que de caso tres millones de personas que componen lo que los economistas en su lenguaje técnico especializado llaman la población económicamente activa más de 1 millón quinientas mil se encuentra sin trabajo o no tiene trabajo fijo.

Esa situación se torna a su vez más dramática cuando cada año 80 mil dominicanos se agregan a los que demandan o exigen empleos, sin que a los que venían reclamando ese mismo derecho desde años anteriores se les haya incorporado al mercado laboral.

De conformidad con las informaciones del censo nacional de población de 1993, en la actualidad hay más de 7 millones de dominicanos, de los cuales, 4 millones 100 mil se encuentran por debajo de lo mínimo indispensable para garantizar una vida humana decente, digna y justa.

Para sobrevivir a una situación de deterioro permanente del poder adquisitivo, muchos dominicanos han acudido y acuden al autoempleo, al multiempleo y a la incorporación de otros miembros de la familia como forma de complemento al ingreso y de resistencia a la inflación.

La capacidad para crear nuevos empleos siempre será un desafío al ejercicio de la imaginación creativa, pero dado el hecho de que aún sin el requerido apoyo del gobierno, en la República Dominicana hay cerca de 800 mil empleos generados a través de la mediana, la pequeña y microempresa, es evidente que éste representa un sector con amplias potencialidades de desarrollo para nuestro país.

En naciones desarrolladas como los Estados Unidos y Taiwán, no son las empresas transnacionales, sino las medianas y pequeñas empresas las que se sostienen la dinámica de funcionamiento de la economía, permitiendo el surgimiento de una multitud de audaces y emprendedores empresarios, y las que generan mayor fuente de empleos y estabilidad a las familias.

Sin embargo, en la República Dominicana, la mediana y pequeña empresa encuentran grandes obstáculos para su desarrollo sostenido y es la falta de financiamiento en condiciones adecuadas, como son las tasas de interés a los préstamos bancarios y los plazos de amortización de pago al capital.

Para resolver esa situación, un gobierno del PLD encaminaría esfuerzos para la creación de un fondo de garantías que avale el financiamiento del sector financiero formal, es decir, de los bancos, a los pequeños y medianos empresarios, que hasta ahora ha sido muy limitado.

Ese fondo de garantía funcionaria como una empresa mixta (pública y privada), cuyo capital inicial sería aportado por el Estado dominicano como una forma de incentivar al sector privado a participar como socio en dicha empresa.

Para asegurar la recuperación de los préstamos, esa empresa mixta ofrecería los servicios de asistencia técnica a los pequeños y medianos empresarios, a fin de lograr una mayor productividad y mejor calidad de sus productos, lo que facilitaría su inserción en los mercados nacionales y extranjeros.

Para combatir en forma eficaz el desempleo, el gobierno del Partido de la Liberación Dominicana concentrará su atención en el sector agropecuario, el sector industrial, las zonas francas y el turismo.

En el ámbito del sector agropecuario procederemos en lo inmediato a una reorganización institucional a los fines de integrar aquellas instituciones que ejercen funciones paralelas; eliminar la duplicidad de funciones interdepartamentales; actualizar métodos de trabajo y modernizar equipos; restablecer el sistema nacional de investigación agropecuaria y crear nuevos programas con el propósito de generar y adaptar tecnologías que permitan un incremento de la productividad en el campo; así como restablecer, ampliar y mejorar el sistema nacional de extensión agropecuaria.

Para que el campo sea eficiente en la generación de empleos, en la producción de alimentos y en frenar el flujo migratorio hacia las ciudades, hay que aportar no

menos del 5 por ciento del Presupuesto Nacional a la capitalización del Banco Agrícola, para de esa manera promover el acceso al crédito a todos los productores, y autorizar la importación de equipos, maquinarias e insumos agrícolas con una tasa arancelaria cero.

Como una forma también de aumentar la rentabilidad de los productores, el gobierno del PLD se propone crear centros agroindustriales de los denominados de primer grado, esto es, de los que se dedican a la clasificación, conservación y empaque de productos, lo que permitiría a los pequeños y medianos productores procesar su producción y enviarla directamente al mercado consumidor nacional y exportar en aquellos renglones competitivos.

Igualmente se establecerían centros agroindustriales de segundo grado en los cuales los productos requieren un mayor grado de procesamiento, como en los casos, por ejemplo, de las frutas, legumbres y vegetales.

En el sector industrial, el gobierno el PLD concederá interés especial al paralizado programa de reestructuración industrial, en el que participan el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el sector privado y el gobierno dominicano.

El programa de reestructuración industrial es de vital importancia para el desarrollo económico de la República Dominicana, ya que para ser competitivos en el marco de la internacionalización de la economía, la industria dominicana requiere incrementar su productividad mediante el manejo de nuevas tecnologías y adiestramiento de su fuerza laboral.

Actualmente, el llamado sector externo de nuestra economía no podría resultar más desalentador. Para el primer trimestre del presente año, la balanza comercial registró un comportamiento deficitario del orden de los 414.5 millones de dólares, lo que significa que de seguir ese comportamiento al finalizar el año tendríamos un déficit de 1 mil 700 millones de dólares.

Ese déficit en la balanza comercial se debe a la falta de estrategias comerciales para reinsertarnos en los mercados internacionales, a la falta de estímulos a la exportación y de las oficinas en los principales mercados internacionales.

Por su parte, la inversión extranjera no ha registrado ningún incremento desde abril de 1994, cuando alcanzó a ser de 836.1 millones.

Para hacer eficiente nuestra producción industrial, convertir el déficit en un superávit en nuestra balanza comercial y atraer nuevas inversiones extranjeras, el gobierno del PLD hará hincapié en mejorar la calidad y la disponibilidad de los servicios públicos y de infraestructura, con el objetivo de que éstos se conviertan en elementos de apoyo a la producción en vez de elementos de costos, como resulta en estos momentos; promoverá el desarrollo del subsector de la industria farmacéutica nacional, con la finalidad de lograr un significativo abastecimiento, no solo de medicamentos esenciales, sino al mismo tiempo de medicamentos especializados; y considerará prioritario el desarrollo del sector metalmecánico, de modo que se logre

un mejor aprovechamiento de la aceleración generada por las inversiones en maquinarias y equipos.

Serán promovidas las empresas industriales que abastezcan de materia prima y bienes intermedios nacionales a las empresas ubicadas en zonas francas industriales, a fin de obtener una mayor integración del sector de zonas francas con el sector productivo nacional.

En relación a las empresas del Estado pertenecientes al grupo CORDE, el gobierno del PLD procederá a un examen exhaustivo de cada una de éstas en los aspectos administrativos, financieros, técnicos y productivos con el propósito de adoptar la decisión en cada caso particular que mejor convenga a los intereses del pueblo dominicano.

En el área de las zonas francas industriales, mantendremos la política de ofrecer facilidades administrativas y aduanales a las empresas establecidas en esos parques, así como los estímulos fiscales de que disponen.

Proponemos extender los parques de zonas francas hacia áreas más deprimidas y hacia otras de mayor concentración poblacional, para lo cual se harán las obras que se requieran, incluyendo la infraestructura.

El Consejo Nacional de Zonas Francas será objeto de atención especial, y a través del mismo gobierno prestará atención a las inquietudes que pudieran tener las empresas.

Se procurará la forma de ir pasando de un modelo de zonas francas fundamentado en el trabajo intensivo a otro de capital intensivo, a fin de que la República Dominicana pueda beneficiarse del manejo de las modernas tecnologías, se incremente la productividad y nuestros trabajadores perciban mejores salarios.

Apoyamos la iniciativa legislativa actualmente en el Congreso de los Estados Unidos que procura establecer una ley de seguridad comercial o de paridad textil con el NAFTA, ya que además de consolidar las actuales inversiones en ese campo permite la atracción de nuevos capitales, con lo cual generamos nuevos empleos y garantizamos nuestro acceso permanente al mercado norteamericano.

En cuanto al sector turismo, el gobierno del PLD ofrecerá apoyo y facilidades a las inversiones que se hagan en ese sector y proveerá la infraestructura pública complementaria necesaria.

Se estimulará la diversificación del turismo creando las condiciones para la práctica del turismo de crucero, el ecoturismo y el turismo de convenciones.

Cuando pensamos que la isla de las Bermudas tiene un ingreso per cápita anual de 23 mil dólares, y que sólo depende del turismo de crucero, nos imaginamos lo mucho que el pueblo dominicano podría alcanzar si contara con el apoyo y el estímulo del gobierno a todo lo relativo a esa área específica de la economía.

Todo el conjunto de medidas antes mencionada carecería de sentido si nos olvidamos del papel de la educación en la promoción del desarrollo nacional.

Con carácter de urgencia procederemos a mejorar la calidad de la enseñanza, insuflándole a la escuela el principio de la excelencia creativa.

Se elevará a un mínimo de cinco mil pesos al mes el salario de los maestros y nos comprometemos a impulsar todas las conquistas contenidas en la nueva ley de educación que cursa en el Congreso Nacional y que ya fue aprobada en la Cámara de Diputados.

Se ofrecerá el desayuno escolar en todas las escuelas de educación primaria y secundaria, y se facilitará la adquisición a bajo costo de uniformes y zapatos escolares para los alumnos de las escuelas públicas.

Habrá un plan anual de emulación a los mejores estudiantes del país, de los distintos grados, con viajes al exterior y becas de grado y post-grado, a fin de poner a nuestros jóvenes en comunicación con las nuevas ideas y acciones que circulan en el mundo.

En lo que respecta a la salud, es un compromiso solemne del candidato presidencial del PLD garantizar el acceso de todos los dominicanos a la salud, para lo cual orientará las políticas de salud hacia la cobertura universal.

En un gobierno del PLD no volverá a repetirse la historia de dos pacientes en una sola cama, de ratones mordiendo a los enfermos y de madres recién paridas arropadas con páginas de periódicos en lugar de sábanas.

Esto último que acabamos de decir es tan sólo uno de los graves problemas que afectan a la mujer dominicana, ya que en una sociedad como la nuestra, afectada por los flagelos de la miseria, es ella la que a diario más lo vive y sufre en carne propia.

Hago el compromiso formal frente a ustedes y todo el pueblo dominicano de que en el próximo gobierno, que será el gobierno del Partido de la Liberación Dominicana, un porcentaje importante del presupuesto nacional será destinado de manera especial a enfrentar a los problemas que hoy en día afectan a la mujer, a la niñez, a la juventud y a la vejez.

En relación a los dominicanos residentes en el exterior, ha sido una tradición de los distintos gobiernos que hemos tenido no preocuparse por el establecimiento de una política de Estado que defienda y proteja sus derechos, a pesar del trascendental papel que desempeñan en el sostenimiento de la economía nacional.

Crearemos las condiciones para el mejor aprovechamiento de sus conocimientos, recursos y energías, y de que puedan regresar al país sin temor de ver descender drásticamente sus niveles de vida y de que sus ahorros, obtenidos durante años de duros esfuerzos puedan ser invertidos con una orientación y protección efectiva por parte del Estado.

En otro orden, es preciso subrayar que la República Dominicana es un país de una riqueza natural extraordinariamente, cuya diversidad ecológica está compuesta por los cuerpos de agua más grandes y numerosos de las islas caribeñas; 53 mil hectáreas de los mejores suelos agrícolas del ámbito antillano; los ríos más

numerosos y caudalosos del Caribe insular; la formación del sistema de bosques nublados más grande y prácticamente único de las Antillas, con más de 3 mil km2.

Sin embargo, todo este patrimonio natural con que Dios ha bendecido nuestro suelo patrio se encuentra hoy amenazado por las acciones acumulativas de los últimos 50 años que han reducido la capa boscosa a tan sólo 8 por ciento de su vocación total, cientos de cursos de agua con sus cauces secos o languideciendo, erosión acelerada de los suelos en las laderas de las principales montañas, cientos y tal vez miles de especies de plantas y animales en vías de extinción, agotamiento de la capacidad de soporte ecológico de la tierra dominicana.

Todo este cuadro nos obliga, si no por nosotros, por nuestros hijos, a prestar la mayor atención al problema ambiental que amenaza en el corto plazo nuestras posibilidades de desarrollo autosostenido y sustentable. Asumimos en todas sus partes los postulados de AGENDA 21, documento emanado de la cumbre de la tierra celebrada en Río de Janeiro por las Naciones Unidas para la aplicación de las medidas correctivas al problema ambiental en el mundo.

Como puede observarse, las tareas que tenemos por delante para lograr que el pueblo dominicano salga de la miseria, la ignorancia, la insalubridad y el desorden, son titánicas.

Algunas veces, mi madre, doña Yolanda Reyna, preocupada con el hecho de que tal vez su hijo no pueda satisfacer tantas expectativas y quede mal ante el juicio siempre inexorable de la historia, aprovecha las sombras de la oscuridad provocada por los apagones para en unos diálogos informales, preguntarme:

-Leonel, mi hijo, ¿y tú crees que puedes enfrentarte a tantos problemas y resolverlos?

Mi respuesta siempre ha sido invariable. Le digo:

-Mamá, si fuera yo solo, no, no podría resolver tantos problemas. Pero afortunadamente cuento con el apoyo del Partido de la Liberación Dominicana.

El PLD ha tenido una importante representación en el Congreso Nacional, y ha ejercido el control de varios ayuntamientos municipales y de la Cámara de Diputados, y en todo caso lo que se ha puesto de manifiesto es su pulcritud en el manejo de los fondos públicos, su eficiencia administrativa y su incondicional entrega a la solución de los problemas del pueblo dominicano.

En el 1990 el Partido de la Liberación Dominicana obtuvo el respaldo de las grandes mayorías nacionales, y las causas que motivaron ese triunfo electoral no sólo se mantienen inamovibles sino que se han multiplicado en la sociedad dominicana.

Luego de las pasadas elecciones de 1994, el PLD ha vuelto a reencontrarse consigo mismo.

Propusimos la firma del Pacto por la Democracia entre las principales fuerzas políticas y las distintas fuerzas vivas de la nación como una forma de contribuir a que nuestras precarias instituciones democráticas no terminaran por sucumbir de manera estrepitosa.

Desde entonces hasta la fecha, el PLD no ha hecho más que eslabonar una cadena de triunfos, cuyas dos últimas expresiones han sido la victoria de la Vanguardia Autónoma de Santo Domingo; y el aún reciente éxito obtenido en las elecciones de la Asociación Dominicana de Profesores (ADP).

El PLD se ha reencontrado consigo mismo y ahora marcha a pasos agigantados hacia la conquista del poder en los comicios de mayo de 1996.

En ese proceso, el PLD declara que luchará por cada pulgada de espacio que le corresponda en los periódicos; por cada segmento en las estaciones de radio y televisión.

Lucharemos por afianzar nuestra propaganda en las paredes y en los muros.

Lucharemos en la guerra de las encuestas.

Lucharemos en las calles y en los patios.

Lucharemos en los campos y las ciudades.

Lucharemos a nivel nacional e internacional.

Y ganaremos las próximas elecciones en la primera vuelta en forma arrolladora y apabullante, porque ese es el compromiso que tenemos todos los hombres y mujeres que integramos el Partido de la Liberación Dominicana de hacer realidad el sueño de Juan Bosch de iniciar la era de la redención nacional en la Patria de Juan Pablo Duarte.

En estos momentos cruciales de nuestra vida nacional, apelamos a Dios, para que en cada momento nos ilumine y nos dé la fuerza y la sabiduría necesaria para que entre todos rescatemos nuestra nación y el orgullo de ser dominicanos.

Santo Domingo, D.N.

7 de octubre, 1993.